La estimulación cerebral no invasiva (ECNI) se utiliza cada vez más para el manejo del dolor musculoesquelético crónico, pero una revisión de alcance que analizó 123 estudios concluye que los protocolos actuales son heterogéneos, están guiados principalmente por la experiencia empírica y presentan un reporte de seguridad inadecuado que impide sacar conclusiones fiables sobre el perfil de efectos adversos de estas intervenciones.
Qué se estudió: mapeo de parámetros de ECNI en dolor musculoesquelético crónico
Esta revisión de alcance (scoping review) fue conducida siguiendo las guías PRISMA-ScR (Preferred Reporting Items for Systematic reviews and Meta-Analyses extension for Scoping Reviews) y el marco metodológico de Arksey y O’Malley, con orientación del Instituto Joanna Briggs. Se realizaron búsquedas en cuatro bases de datos —MEDLINE (PubMed), Scopus, Web of Science y Embase— desde su inicio hasta el 16 de octubre de 2025.
Se incluyeron estudios con adultos que presentaban dolor musculoesquelético crónico (DMC) y que recibieron alguna de las siguientes modalidades de ECNI: estimulación magnética transcraneal repetitiva (EMTr), estimulación en ráfaga theta (theta-burst stimulation, TBS) o estimulación transcraneal de corriente directa (tDCS, por sus siglas en inglés). Los estudios debían reportar al menos uno de estos elementos: dianas de estimulación, parámetros de dosis o seguridad. Se aceptaron todos los diseños de investigación. Dos revisores realizaron de forma independiente el cribado y la extracción de datos, y los hallazgos se sintetizaron de manera descriptiva por modalidad, diana, características de dosis, justificación de los parámetros y monitoreo de seguridad.
En total se incluyeron 123 estudios, predominantemente ensayos controlados aleatorizados (ECA), centrados sobre todo en tres condiciones: fibromialgia, osteoartritis de rodilla y dolor lumbar crónico.
Hallazgos principales: protocolos frecuentes pero inconsistentemente justificados
Dianas de estimulación más utilizadas
Las regiones cerebrales más frecuentemente estimuladas fueron la corteza motora primaria (M1) y la corteza prefrontal dorsolateral (CPFDL). La justificación para la elección de la diana de estimulación se reportó solo en el 63% de los estudios, mientras que las razones para elegir la frecuencia, la intensidad y el número de sesiones se informaron de manera inconsistente en la mayoría de los trabajos.
Parámetros de dosis más comunes
Los protocolos más empleados fueron:
- EMTr: 10 Hz a una intensidad de entre el 80 y el 120% del umbral motor en reposo.
- tDCS: 1–2 mA durante 20–30 minutos por sesión.
- Número de sesiones: varió considerablemente, de 1 a 60 sesiones, con la pauta más habitual de cinco sesiones semanales durante 2 a 4 semanas.
Reporte de seguridad y eventos adversos
El método empleado para monitorear eventos adversos no estaba claramente descrito en el 62% de los estudios. Entre los 113 estudios en los que los participantes recibieron efectivamente ECNI, los eventos adversos reportados fueron predominantemente leves y transitorios. Sin embargo, los autores advierten explícitamente que los porcentajes reportados representan la proporción de estudios que informaron cada evento adverso, no la incidencia a nivel de participante individual. Por esta razón, los datos disponibles no permiten estimar de forma fiable la frecuencia de eventos adversos.
Qué significa para la práctica clínica en fisioterapia y rehabilitación
Esta revisión de alcance no evalúa la eficacia de la ECNI para el DMC; su objetivo es mapear cómo se están aplicando estas técnicas y con qué nivel de rigor metodológico. Por eso, sus implicancias clínicas se orientan principalmente a la toma de decisiones responsable y a la implementación informada de la evidencia.
No existe aún un protocolo estándar respaldado por evidencia sólida
La variabilidad extrema en los parámetros de dosis —de 1 a 60 sesiones, intensidades entre el 80 y el 120% del umbral motor, corrientes de 1 a 2 mA— refleja que el campo aún opera en gran medida desde la experiencia empírica y la extrapolación entre condiciones. Para los profesionales que ya utilizan o que evalúan incorporar la EMTr o la tDCS en su práctica, esto significa que conviene ser cauteloso al adoptar protocolos sin verificar que existe una justificación explícita para cada parámetro elegido en la población específica que se va a tratar.
La elección de la diana de estimulación debería estar mejor fundamentada
El hecho de que solo el 63% de los estudios justificara la elección de la región cerebral estimulada es una señal de alerta. Los autores señalan la necesidad de incorporar la teoría de redes cerebrales (brain network theory) para fundamentar la selección de dianas en personas con DMC. En la práctica, conviene priorizar intervenciones cuyo protocolo incluya una justificación neurobiológica clara —por ejemplo, la elección de M1 para modulación del umbral del dolor o la CPFDL para el componente cognitivo-afectivo del dolor crónico— en lugar de replicar protocolos por inercia.
Precauciones respecto a la seguridad: no equivale a que sea segura sin más
Aunque los eventos adversos reportados fueron predominantemente leves y transitorios, los propios autores advierten que la inconsistencia en el monitoreo y el reporte impide concluir con certeza cuál es el verdadero perfil de seguridad de estas técnicas. Esto tiene implicancias directas para los profesionales:
- No se debe asumir que la ausencia de reportes de eventos graves en la literatura equivale a ausencia de riesgo.
- Es recomendable implementar un protocolo sistemático y estandarizado de monitoreo de eventos adversos en cada paciente que reciba ECNI, independientemente del contexto clínico o de investigación.
- La información al paciente sobre posibles efectos adversos debe ser parte del consentimiento informado, aun cuando la mayoría de los descritos sean leves.
Optimización de dosis: hacia un enfoque personalizado
Los autores concluyen que se necesita una optimización sistemática y personalizada de la dosis, lo que implica que los parámetros deberían ajustarse a las características individuales del paciente y no simplemente copiarse de estudios en poblaciones distintas. En la práctica clínica, esto sugiere:
- Considerar las diferencias interindividuales en la respuesta neurológica al aplicar protocolos de EMTr o tDCS.
- Documentar sistemáticamente los parámetros utilizados, la respuesta clínica y cualquier evento adverso, para contribuir a la acumulación de evidencia de calidad.
- Estar actualizado sobre las guías emergentes de dosificación, ya que el campo está en desarrollo.
Condiciones más estudiadas: fibromialgia, osteoartritis de rodilla y dolor lumbar crónico
Los profesionales que trabajen con estas poblaciones encontrarán mayor respaldo en la literatura actual, aunque incluso en estos contextos la heterogeneidad de los protocolos limita la posibilidad de hacer recomendaciones de dosis precisas. Para otras condiciones musculoesqueléticas crónicas, la evidencia disponible es aún más escasa.
Limitaciones del estudio que conviene tener en cuenta
Por su naturaleza de revisión de alcance, este trabajo no evalúa la eficacia ni la efectividad de la ECNI para el DMC, sino que mapea el estado del campo. No permite extraer conclusiones sobre cuál modalidad es superior, ni sobre qué protocolo produce mejores resultados clínicos. La inconsistencia en el reporte de eventos adversos entre los estudios incluidos limita también cualquier análisis cuantitativo de seguridad. Asimismo, la heterogeneidad de diseños incluidos —desde ECA hasta otros diseños— hace que la síntesis sea fundamentalmente descriptiva.
Conclusiones aplicables para fisioterapeutas y kinesiólogos
- Los protocolos de ECNI para el dolor musculoesquelético crónico son heterogéneos y no estandarizados; la elección de parámetros sigue siendo en gran parte empírica.
- Las dianas más utilizadas son M1 y la CPFDL, y los protocolos más comunes implican EMTr a 10 Hz (80–120% del umbral motor) y tDCS a 1–2 mA durante 20–30 minutos, pero estas frecuencias de uso no equivalen a recomendaciones basadas en evidencia sólida.
- La justificación explícita de los parámetros de dosis está ausente en una proporción importante de la literatura; conviene exigirla antes de adoptar un protocolo.
- El perfil de seguridad no puede considerarse plenamente establecido debido a la inconsistencia en el monitoreo y el reporte de eventos adversos; se requiere un seguimiento sistemático en la práctica clínica.
- Los autores llaman a avanzar hacia una optimización personalizada de la dosis y a la incorporación de la teoría de redes cerebrales para seleccionar dianas en personas con DMC.
- Es necesaria la estandarización del reporte de seguridad para que la evidencia futura permita conclusiones fiables sobre el perfil de riesgo de estas técnicas.


