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Coactivación muscular del muslo en el salto monopodal un año tras la reconstrucción del LCA

Un año después de la reconstrucción del ligamento cruzado anterior (LCA), el control neuromuscular del muslo aún no se ha recuperado por completo: la coactivación muscular durante el aterrizaje de un salto monopodal es significativamente mayor en la pierna operada que en controles sanos, lo que subraya la necesidad de evaluar estos patrones antes de autorizar el retorno al deporte.

Coactivación muscular del muslo tras reconstrucción de LCA: qué se estudió

Este estudio transversal reclutó a 18 personas deportivamente activas que habían sido sometidas a reconstrucción de LCA un año antes, comparándolas con 18 participantes control emparejados. El objetivo fue doble: por un lado, cuantificar los cambios en la coactivación de cuádriceps e isquiotibiales durante el aterrizaje de un single leg hop for distance (SLHD, salto horizontal monopodal) mediante electromiografía (EMG); por otro, evaluar si un sistema de puntuación 2D de la flexión de rodilla podía identificar aterrizajes con mayor coactivación.

El análisis 2D clasificó cada ensayo según el pico de flexión de rodilla alcanzado durante el aterrizaje en tres categorías: menos de 60°, entre 60° y 80°, y más de 80°. Para el análisis estadístico se utilizó el statistical parameter mapping (SPM, cartografía de parámetros estadísticos), una herramienta que permite comparar señales EMG continuas a lo largo del tiempo sin reducirlas a un único valor puntual. Se compararon tres condiciones: la pierna reconstruida, la pierna contralateral (no operada) y la pierna del grupo control emparejado.

Mayor coactivación en la pierna reconstruida: los datos numéricos

El análisis SPM detectó una coactivación muscular significativamente mayor en la pierna reconstruida en comparación con la pierna control, en una ventana temporal específica que va desde los 229 ms hasta los 250 ms después del contacto inicial con el suelo (p = 0,007). Este intervalo corresponde a una fase crítica del aterrizaje en la que el sistema neuromuscular debe absorber y redistribuir las fuerzas de impacto.

Sin embargo, no se encontraron diferencias significativas entre la pierna reconstruida y la pierna contralateral, lo que sugiere que la extremidad no operada también podría presentar adaptaciones neuromusculares en comparación con personas sin historia de lesión de LCA. Este hallazgo, aunque no fue el objetivo principal del estudio, merece atención clínica.

En cuanto al sistema de puntuación 2D de la flexión de rodilla, no reveló diferencias en la coactivación entre los grupos de aterrizaje clasificados por rango de flexión. Es decir, observar visualmente —o con video 2D— si la rodilla alcanza más o menos flexión durante el aterrizaje no fue suficiente para identificar quiénes presentaban mayor coactivación muscular.

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La recuperación neuromuscular no termina al año de la cirugía

El hallazgo central de este estudio refuerza una premisa que gana cada vez más respaldo: el criterio temporal de 12 meses para el retorno al deporte no garantiza la restauración del control neuromuscular. La coactivación elevada en la fase de aterrizaje del SLHD es una adaptación que persiste y que no es detectada por los criterios clínicos habituales basados únicamente en fuerza o en pruebas funcionales de rendimiento.

Para los profesionales que trabajan en rehabilitación post-LCA, esto implica que la evaluación del retorno al deporte debería incorporar medidas que reflejen la calidad neuromuscular del aterrizaje, no solo la capacidad de saltar lejos o de alcanzar un umbral de simetría de fuerza. La coactivación muscular excesiva durante el aterrizaje puede ser una estrategia protectora a corto plazo, pero si se mantiene de forma crónica puede alterar la mecánica articular, aumentar la carga sobre el injerto y elevar el riesgo de re-lesión.

El SLHD como herramienta de evaluación neuromuscular, más allá de la distancia

El salto monopodal horizontal es una prueba ampliamente utilizada en la batería de retorno al deporte. Este estudio propone analizarlo no solo en términos de distancia alcanzada, sino también considerando la calidad del aterrizaje desde una perspectiva neuromuscular. La ventana temporal identificada (229-250 ms post-contacto) es un intervalo concreto en el que la EMG puede capturar diferencias relevantes entre la pierna operada y sujetos sanos.

Si bien la EMG no está disponible en todos los contextos clínicos, este resultado orienta hacia la necesidad de desarrollar o validar herramientas accesibles que sí permitan aproximarse a esta información en la práctica diaria.

Las limitaciones del análisis 2D en la evaluación del aterrizaje

Uno de los aportes más relevantes para la práctica clínica es la constatación de que el sistema de puntuación 2D de la flexión de rodilla no es adecuado para identificar diferencias en la coactivación muscular en personas deportivamente activas. Este resultado tiene implicancias directas para quienes utilizan análisis de video bidimensional como herramienta de screening neuromuscular.

Conviene interpretar con cautela las evaluaciones 2D del aterrizaje cuando el objetivo es inferir el comportamiento neuromuscular subyacente. La flexión de rodilla observable visualmente o mediante video no refleja necesariamente lo que ocurre a nivel de la activación muscular. Esto no invalida el análisis 2D como herramienta general, pero sí limita su utilidad específica para detectar coactivación alterada en esta población.

La pierna contralateral también merece atención

La ausencia de diferencias significativas entre la pierna reconstruida y la contralateral —mientras ambas difieren del control sano— sugiere que la pierna no operada también podría haber desarrollado adaptaciones neuromusculares como respuesta a la lesión y a la experiencia quirúrgica. Aunque el estudio no tenía como objetivo primario analizar este fenómeno, es un dato que invita a no asumir que la extremidad contralateral funciona como referencia “normal” en la rehabilitación post-LCA.

En la práctica, esto implica que usar la simetría entre ambas piernas como único criterio de alta puede ser insuficiente, ya que ambas extremidades podrían estar adaptadas respecto a un patrón verdaderamente sano.

Precauciones al interpretar estos resultados

La muestra es pequeña (18 participantes por grupo) y el diseño es transversal, por lo que no es posible establecer relaciones causales ni generalizar los hallazgos más allá de personas deportivamente activas con un año de evolución post-reconstrucción de LCA. No se especifica el tipo de injerto utilizado ni el protocolo de rehabilitación seguido, variables que podrían influir en los resultados. Los autores reconocen que se necesitan métodos alternativos para evaluar estas adaptaciones neuromusculares en el entorno clínico, ya que la EMG no siempre está disponible.

Limitaciones del estudio

  • Diseño transversal: no permite inferir causalidad ni seguir la evolución temporal de la coactivación.
  • Muestra reducida (n = 18 por grupo), lo que limita la potencia estadística y la generalización.
  • La EMG es una herramienta de laboratorio con baja disponibilidad en contextos clínicos habituales.
  • No se detallan el tipo de injerto ni las características del protocolo de rehabilitación previo.
  • Los resultados aplican específicamente a personas deportivamente activas al año de la reconstrucción, y no pueden extrapolarse a otras poblaciones o momentos del proceso de recuperación.

Conclusiones aplicables a la práctica clínica

  1. El control neuromuscular no está completamente restaurado al año de la reconstrucción de LCA: persiste una mayor coactivación de cuádriceps e isquiotibiales en la pierna operada durante el aterrizaje del salto monopodal, en comparación con controles sanos.
  2. Incorporar la evaluación de la coactivación muscular durante el SLHD podría ser relevante en los criterios de retorno al deporte, más allá de la distancia alcanzada o la simetría de fuerza.
  3. El sistema de puntuación 2D de la flexión de rodilla no es adecuado para identificar diferencias en la coactivación durante el aterrizaje en personas deportivamente activas tras reconstrucción de LCA; se necesitan métodos alternativos.
  4. La pierna contralateral no operada puede no representar un estándar neuromuscular sano, por lo que usar la simetría entre extremidades como único criterio de alta merece revisión crítica.
  5. Estos hallazgos provienen de un estudio transversal con muestra pequeña; deben interpretarse con cautela y en el contexto de la evidencia existente sobre retorno al deporte post-LCA.
Interpretación elaborada con inteligencia artificial (Claude, de Anthropic) a partir de la publicación original, y revisada por el Comité Académico de Fisio One.
Publicación Original