Saltar al contenido
VigIA Deporte Dolor

Resultados funcionales tras la reconstrucción del LCA con tendón isquiotibial

En una cohorte prospectiva de 50 pacientes, la reconstrucción artroscópica del ligamento cruzado anterior (LCA) con autoinjerto de tendones isquiotibiales se asoció con una mejora clínicamente relevante en la puntuación funcional de Lysholm a los 12 meses, aunque la ausencia de grupo comparador impide atribuir causalidad o establecer superioridad respecto a otras estrategias quirúrgicas o al tratamiento conservador.

Qué se estudió: población, diseño e intervención

Se trata de un estudio observacional prospectivo de cohorte única, realizado durante 18 meses en el Departamento de Ortopedia del M.G.M. Medical College and L.S.K. Hospital, en Kishanganj, Bihar (India). Participaron 50 pacientes de entre 18 y 50 años (media de edad: 31,72 ± 8,88 años; 72% varones) con diagnóstico clínico y radiológico confirmado de rotura del LCA, que fueron sometidos a reconstrucción artroscópica primaria.

La técnica quirúrgica utilizó un autoinjerto de tendón isquiotibial cuadruplicado. La fijación femoral se realizó con un botón cortical y la fijación tibial con un tornillo de interferencia. Los pacientes fueron evaluados en seguimientos a 1, 2, 3, 6 y 12 meses tras la cirugía. El resultado funcional se midió con la Escala de Puntuación de Rodilla de Lysholm, y se registraron las complicaciones posquirúrgicas. El estudio no incluyó grupo de comparación, no utilizó mediciones instrumentadas de laxitud y no reportó resultados formales de retorno al deporte.

En cuanto al mecanismo de lesión, los accidentes de tráfico fueron la causa más frecuente (44%), seguidos de las lesiones deportivas (36%). La lesión asociada más común fue la rotura del menisco medial (40%).

Resultados funcionales y complicaciones a 12 meses

La puntuación media en la escala de Lysholm mejoró de forma estadísticamente significativa (P < 0,05): pasó de 50,74 ± 6,342 puntos en el preoperatorio a 86,00 ± 10,067 puntos al año de seguimiento. En términos de categorización clínica, el 52% de los pacientes alcanzó resultados clasificados como “buenos” y el 32% como “excelentes”, lo que supone que el 84% del total se ubicó en el rango bueno-excelente al final del seguimiento.

En cuanto a las complicaciones posquirúrgicas, 15 de los 50 pacientes (30%) experimentaron al menos una. El detalle por tipo fue el siguiente:

  • Dolor anterior de rodilla: 5/50 pacientes (10%)
  • Ensanchamiento del túnel óseo: 4/50 (8%)
  • Infección: 3/50 (6%)
  • Dislocación del tornillo tibial: 1/50 (2%)
  • Fallo del injerto: 1/50 (2%)
  • Rigidez articular: 1/50 (2%)

Qué significa para la práctica clínica en fisioterapia y rehabilitación

Esta es la sección más relevante para quienes trabajan en rehabilitación musculoesquelética. Aunque los resultados describen la evolución de una cohorte sin grupo control y en un contexto clínico específico, ofrecen información útil para orientar la práctica.

Perfil del paciente y contexto de derivación

El perfil predominante en este estudio fue el de varones jóvenes-adultos (media de 31 años) con rotura del LCA secundaria a accidente de tráfico o lesión deportiva. Es relevante que el 40% presentaba también una rotura de menisco medial, lo que subraya la frecuente comorbilidad articular en estas lesiones. Al recibir a estos pacientes en rehabilitación, conviene confirmar con el equipo quirúrgico si existían lesiones asociadas —meniscales o condrales— ya que pueden modificar significativamente los objetivos, la progresión y los tiempos del programa rehabilitador.

Monitoreo funcional con la escala de Lysholm

El uso de la Escala de Lysholm como herramienta de seguimiento es un punto práctico a destacar. Esta escala evalúa dominios como la cojera, el uso de apoyo, el bloqueo articular, la inestabilidad, el dolor, la inflamación, la capacidad para subir escaleras y la cuclilla. Integrarla en la evaluación inicial y en los controles periódicos permite objetivar la evolución funcional del paciente y comunicar resultados de manera estandarizada con el equipo médico. En este estudio, el punto de partida promedio fue de aproximadamente 51 puntos (rango de disfunción moderada-severa), con una recuperación hasta ~86 puntos al año (rango bueno). Esta trayectoria puede servir como referencia aproximada para establecer expectativas iniciales con el paciente, siempre con la cautela de que se trata de datos de una sola institución sin grupo comparador.

Vigilancia de las complicaciones más frecuentes durante la rehabilitación

El hecho de que el 30% de los pacientes presentara alguna complicación posquirúrgica es un dato que no debe pasarse por alto en la práctica clínica. Las implicancias concretas son:

  • Dolor anterior de rodilla (10%): Es la complicación más frecuente. Durante la rehabilitación, conviene evaluar sistemáticamente la presencia de este síntoma, distinguirlo del dolor propio de la progresión funcional y ajustar la carga de trabajo en cadena cinética cerrada cuando esté presente. Aunque en este estudio el injerto fue de isquiotibiales —técnica habitualmente asociada a menor dolor anterior que con tendón rotuliano—, la complicación no fue infrecuente.
  • Ensanchamiento del túnel óseo (8%): Aunque su detección es radiológica y corresponde al seguimiento médico, el fisioterapeuta debe considerar que esta complicación puede influir en la estabilidad del injerto y requerir una progresión más conservadora en las fases de carga y retorno a la actividad.
  • Infección (6%): Ante signos locales como calor, rubor, aumento de la tumefacción o fiebre, es fundamental la derivación inmediata al equipo quirúrgico.
  • Rigidez articular (2%): La prevención de la artrofibrosis es uno de los objetivos centrales de la rehabilitación temprana. La movilización precoz supervisada y el control del edema desde las primeras semanas posquirúrgicas son estrategias clave.
  • Fallo del injerto (2%): Aunque la frecuencia fue baja, es un recordatorio de la importancia de no adelantar la progresión funcional sin criterios objetivos de maduración del injerto y control neuromuscular adecuado.

Consideraciones sobre el retorno al deporte y los objetivos a largo plazo

Es fundamental ser cauteloso en este punto: el estudio no reportó resultados formales de retorno al deporte ni mediciones instrumentadas de laxitud. Por lo tanto, no es posible extraer de este trabajo conclusiones sobre cuándo es seguro retornar a la actividad deportiva de alta exigencia. Esta información deberá buscarse en estudios con mayor seguimiento y criterios de retorno al deporte bien definidos. En la práctica, se recomienda basar las decisiones de retorno al deporte en criterios funcionales objetivos (fuerza, simetría, control neuromuscular) y no exclusivamente en el tiempo transcurrido desde la cirugía.

Precauciones al extrapolar estos resultados

Dado que se trata de un estudio de cohorte única, sin grupo control, realizado en un solo centro y con seguimiento limitado a 12 meses, los hallazgos describen la evolución de este grupo específico de pacientes. No permiten afirmar que el autoinjerto de isquiotibiales sea superior a otras opciones (injerto rotuliano, aloinjerto, tratamiento conservador) ni generalizar los resultados a otras poblaciones. La mayoría de los pacientes eran varones jóvenes y la causa principal de la lesión fue el accidente de tráfico, lo que puede no representar el perfil habitual del paciente deportivo que se ve en muchos contextos clínicos.

Limitaciones del estudio

Los propios autores reconocen explícitamente las siguientes limitaciones:

  • Ausencia de grupo comparador, lo que impide atribuir causalidad o concluir superioridad sobre otras estrategias.
  • Estudio unicéntrico, con la consiguiente limitación en la generalización de los resultados.
  • No se utilizaron mediciones instrumentadas de laxitud articular.
  • No se reportaron resultados formales de retorno al deporte.
  • El seguimiento se limitó a 12 meses, sin datos sobre efectividad a largo plazo.

Conclusiones aplicables para la práctica clínica

  1. La reconstrucción artroscópica del LCA con autoinjerto de isquiotibiales cuadruplicado se asoció con una mejora significativa en la puntuación de Lysholm a 12 meses (de ~51 a ~86 puntos), con un 84% de pacientes en rango bueno-excelente, aunque sin grupo control que permita comparaciones causales.
  2. El 30% de los pacientes presentó alguna complicación posquirúrgica; el dolor anterior de rodilla (10%), el ensanchamiento del túnel (8%) y la infección (6%) fueron las más frecuentes, y deben monitorizarse activamente durante la rehabilitación.
  3. La escala de Lysholm es una herramienta válida y de fácil aplicación para el seguimiento funcional en este tipo de pacientes; su uso estandarizado facilita la comunicación con el equipo médico.
  4. La presencia frecuente de lesiones meniscales asociadas (40%) subraya la necesidad de confirmar el estado articular completo antes de diseñar el programa rehabilitador.
  5. El estudio no aporta datos sobre retorno al deporte ni sobre efectividad a largo plazo; estas decisiones deben basarse en criterios funcionales objetivos y en la evidencia disponible en la literatura especializada.
  6. Los resultados no deben generalizarse más allá de la población estudiada (adultos jóvenes, predominantemente varones, con lesión por accidente de tráfico o deporte) ni interpretarse como evidencia de superioridad de esta técnica sobre alternativas quirúrgicas o conservadoras.
Interpretación elaborada con inteligencia artificial (Claude, de Anthropic) a partir de la publicación original, y revisada por el Comité Académico de Fisio One.
Publicación Original