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VigIA Deporte

Relación entre el índice de simetría de miembros tras la cirugía y los resultados a 2 años en reconstrucción del LCA con autoinjerto del tendón del cuádriceps

La recuperación temprana de la fuerza del cuádriceps —medida a través del índice de simetría de miembros (LSI, por sus siglas en inglés)— se asocia de forma independiente con mejores resultados reportados por los pacientes a los 2 años tras la reconstrucción del ligamento cruzado anterior con autoinjerto de tendón cuadricipital. Este hallazgo subraya que lo que ocurre en las primeras semanas de rehabilitación puede tener un peso considerable en la evolución funcional a mediano plazo.

Qué se estudió: reconstrucción de LCA con tendón cuadricipital y seguimiento del LSI

El estudio analizó a 100 pacientes (100 rodillas) sometidos a una reconstrucción primaria del ligamento cruzado anterior (LCA) con autoinjerto de tendón cuadricipital (QT-ACLR, por sus siglas en inglés) entre 2021 y 2024. La edad media fue de 25,3 ± 11,2 años, el índice de masa corporal (IMC) promedio fue de 25,9 ± 6,5 kg/m², y el 52% eran hombres. Se excluyó a quienes necesitaron cirugía de revisión o procedimientos quirúrgicos adicionales en la rodilla.

El diseño corresponde a una serie de casos (nivel de evidencia 4), lo que implica que sus resultados no pueden generalizarse a poblaciones más amplias sin estudios de mayor jerarquía metodológica.

Durante la rehabilitación se aplicaron pruebas de LSI en tres momentos: 3, 6 y 9 meses postoperatorios. Las evaluaciones incluyeron fuerza isométrica e isocinética de miembros inferiores, prueba Y-Balance y pruebas de salto (hop testing). Las medidas de resultado reportadas por el paciente (Patient-Reported Outcome Measures, PROMs) utilizadas fueron el puntaje Lysholm y el puntaje de la International Knee Documentation Committee (IKDC), recolectados a un seguimiento medio de 2,0 ± 0,7 años. Se realizó una regresión lineal multivariable ajustada por edad, sexo e IMC para evaluar las asociaciones entre el LSI y los PROMs, y un análisis de curvas ROC (Receiver Operating Characteristic) para determinar los umbrales del Estado de Síntomas Aceptable para el Paciente (PASS, por sus siglas en inglés).

Resultados: la fuerza del cuádriceps como predictor de los desenlaces a 2 años

La fuerza y el rendimiento funcional mejoraron progresivamente de los 3 a los 9 meses. A los 9 meses, el LSI de fuerza de cuádriceps alcanzó entre el 77% y el 81%, mientras que el de isquiotibiales llegó al 98%–100%.

Al seguimiento medio de 2 años, los resultados fueron los siguientes:

  • Puntaje de satisfacción medio: 8,4 sobre 10
  • Puntaje Lysholm medio: 90,7
  • Puntaje IKDC medio: 77,8

La regresión lineal, ajustada por edad, sexo e IMC, mostró las siguientes asociaciones estadísticamente significativas:

  • LSI isométrico de cuádriceps a los 3 meses: efecto fuerte sobre el puntaje IKDC (β = 3,9; R² ajustado = 0,36; p < 0,03), explicando una varianza sustancial.
  • LSI isocinético de cuádriceps e isquiotibiales a los 6 meses: efectos moderados pero significativos sobre el IKDC (β = 2,9–3,7; R² ajustado = 0,13–0,17; p < 0,05).
  • LSI isocinético rápido de cuádriceps a los 9 meses: efecto fuerte sobre los puntajes Lysholm e IKDC (β = 3,9–4,7; R² ajustado = 0,34–0,35; p ≤ 0,003).

El análisis ROC mostró que los puntajes Lysholm e IKDC discriminaron con alta precisión el logro del PASS (área bajo la curva: 0,927–0,937; p < 0,001). Los pacientes que alcanzaron el umbral PASS del IKDC presentaron mayores puntajes de LSI en todos los momentos evaluados y mejores PROMs en general. Los autores señalan que los pacientes que lograron el PASS típicamente alcanzaron un LSI del 60% al 70% ya a los 3 meses postoperatorios.

Qué significa para la práctica clínica: el cuádriceps desde el inicio de la rehabilitación

La recuperación precoz del cuádriceps como objetivo prioritario

Uno de los hallazgos más relevantes de este estudio es que el LSI isométrico de cuádriceps a los 3 meses postoperatorios fue el predictor más temprano de los resultados funcionales a 2 años, explicando el 36% de la varianza del puntaje IKDC. Esto sugiere —sin implicar causalidad directa, dado el diseño de serie de casos— que la inhibición artrogénica del cuádriceps en el período postoperatorio inmediato merece atención clínica prioritaria.

En la práctica, conviene incorporar desde las primeras semanas estrategias que promuevan la activación del cuádriceps: electroestimulación neuromuscular, ejercicios isométricos en diferentes ángulos, y trabajo de co-contracción en cadena cinética cerrada cuando las condiciones del tejido lo permitan. El objetivo de alcanzar un LSI del 60%–70% hacia los 3 meses puede orientar la progresión individual del programa.

Uso del LSI como herramienta de monitoreo y toma de decisiones clínicas

El LSI permite comparar el rendimiento del miembro operado con el no operado, ofreciendo una referencia individualizada que no depende de valores normativos poblacionales. Según este estudio, su medición en tres momentos clave —3, 6 y 9 meses— aporta información con valor predictivo sobre el desenlace funcional a mediano plazo.

En la evaluación de los pacientes con QT-ACLR, conviene incluir de forma sistemática:

  • Dinamometría isométrica e isocinética de cuádriceps e isquiotibiales
  • Pruebas funcionales de salto (hop tests) para calcular el LSI funcional
  • Y-Balance como indicador del control postural dinámico

Los datos del estudio muestran que, a los 9 meses, el LSI de cuádriceps aún no había alcanzado la simetría completa (77%–81%), mientras que el de isquiotibiales sí lo hizo (98%–100%). Esta asimetría persistente del cuádriceps es un dato clínicamente relevante que respalda la necesidad de continuar el trabajo específico de fuerza del cuádriceps más allá del período habitualmente considerado como “alta funcional”.

Umbrales PASS como referencia clínica orientadora

Los puntajes Lysholm e IKDC mostraron alta capacidad discriminativa para identificar a los pacientes que alcanzaron el PASS, con áreas bajo la curva de 0,927–0,937. Esto indica que estas escalas, ampliamente utilizadas en la práctica, son herramientas válidas para identificar a quienes experimentan un estado sintomático aceptable desde su propia perspectiva.

En la práctica clínica, aplicar estas escalas de forma sistemática permite detectar de manera temprana a los pacientes que no evolucionan hacia el PASS y que podrían beneficiarse de ajustes en el programa de rehabilitación. Quienes alcanzaron el PASS mostraron mayores valores de LSI en todos los momentos evaluados, lo que sugiere que el progreso en la simetría de fuerza y función va de la mano con una mejor experiencia subjetiva del paciente.

Consideraciones sobre la población estudiada

La muestra es joven (media de 25,3 años) y sin cirugías de revisión, por lo que los resultados son más aplicables a pacientes con perfil activo, primera reconstrucción y sin complicaciones quirúrgicas. No es apropiado extrapolar estos hallazgos a poblaciones de mayor edad, con cirugías previas, patología concomitante de menisco o cartílago, o con baja adherencia a la rehabilitación.

Además, dado que el autoinjerto de tendón cuadricipital tiene particularidades biomecánicas e implica la extracción del tejido del mismo cuádriceps que se busca rehabilitar, la progresión del LSI en esta población puede diferir de la observada con injertos de tendón rotuliano o de isquiotibiales. Los fisioterapeutas y kinesiólogos deben tener presente esta especificidad al interpretar los umbrales reportados.

Limitaciones del estudio

Los propios autores reconocen que el diseño es una serie de casos (nivel de evidencia 4), lo que impide establecer relaciones causales entre el LSI y los PROMs. No existe un grupo control ni asignación aleatoria. La muestra de 100 pacientes, aunque suficiente para los análisis realizados, limita la generalización de los resultados. El seguimiento medio de 2 años, si bien relevante, no permite conocer la evolución a largo plazo. No se reporta la tasa de retorno al deporte ni el nivel deportivo de los participantes, lo que restringe la aplicabilidad de los hallazgos a contextos deportivos de alta exigencia.

Conclusiones aplicables para la práctica clínica

  1. En pacientes sometidos a QT-ACLR, la fuerza isométrica del cuádriceps a los 3 meses postoperatorios se asoció de forma independiente con mejores puntajes IKDC a los 2 años; priorizar su recuperación precoz es clínicamente relevante.
  2. El LSI isocinético del cuádriceps a los 9 meses también predijo los puntajes Lysholm e IKDC, lo que refuerza la necesidad de mantener el trabajo de fuerza hasta etapas avanzadas de la rehabilitación.
  3. Alcanzar un LSI del 60%–70% en cuádriceps a los 3 meses fue característico de los pacientes que lograron el PASS, y puede usarse como referencia orientadora —no como criterio absoluto— en la progresión individual.
  4. El LSI de isquiotibiales alcanzó simetría prácticamente completa (98%–100%) a los 9 meses, mientras que el de cuádriceps permaneció entre el 77% y el 81%, señalando que la asimetría residual del cuádriceps es el déficit predominante en esta etapa.
  5. Las escalas IKDC y Lysholm demostraron alta capacidad para identificar a pacientes que alcanzan el PASS y pueden incorporarse de forma sistemática en el seguimiento clínico postoperatorio.
  6. Dado que el diseño es una serie de casos, estos resultados deben interpretarse como señales orientadoras y no como guías definitivas; se requieren estudios prospectivos controlados para confirmar estas asociaciones.
Interpretación elaborada con inteligencia artificial (Claude, de Anthropic) a partir de la publicación original, y revisada por el Comité Académico de Fisio One.
Publicación Original