La osteotomía de doble nivel (DLO, por sus siglas en inglés) y la osteotomía tibial alta (HTO, high tibial osteotomy) producen resultados funcionales y reportados por el paciente similares a los 3 años de seguimiento, aunque la DLO logra una menor oblicuidad de la línea articular y una menor tasa de fracturas de bisagra intraoperatorias, a expensas de un tiempo quirúrgico más prolongado. Estos hallazgos son relevantes para los equipos de rehabilitación que acompañan a pacientes con desalineación en varo de rodilla sometidos a cualquiera de estas dos intervenciones.
Qué se estudió: diseño, población e intervención
Se trata de una revisión sistemática con metaanálisis que comparó la DLO frente a la HTO para el tratamiento de la desalineación en varo de rodilla. La búsqueda bibliográfica abarcó las bases de datos PubMed, Scopus y Web of Science hasta el 15 de mayo de 2026, e incluyó únicamente estudios comparativos entre ambas técnicas.
Se seleccionaron 9 estudios observacionales que en conjunto reportaron 805 rodillas: 306 tratadas con DLO y 499 con HTO. El seguimiento medio fue de 3 años. Los resultados se agruparon mediante un modelo de efectos aleatorios y se expresaron como diferencias de medias (MD) o razones de riesgo (RR) con intervalos de confianza (IC) del 95%. El desenlace primario fue la oblicuidad de la línea articular (JLO, joint-line obliquity). Se realizaron análisis de sensibilidad post hoc (leave-one-out, un cohorte por centro e indicaciones comparables).
Resultados radiográficos: la DLO corrige con menos oblicuidad articular
En términos radiográficos, la DLO mostró diferencias estadísticamente significativas respecto a la HTO en varios parámetros:
- Oblicuidad de la línea articular (JLO): 1,6° con DLO frente a 5,9° con HTO (MD: −4,14°; IC 95%: −5,22 a −3,06; I² = 76%), basado en 4 estudios.
- Ángulo medial de la meseta tibial proximal (MPTA): 91,3° vs. 95,4° (MD: −4,10°; IC 95%: −5,30 a −2,90), en 7 estudios.
- Ángulo lateral distal del fémur (LDFA): 86,0° vs. 90,2° (MD: −4,04°; IC 95%: −4,49 a −3,58), en 4 estudios.
- Ángulo lateral distal mecánico del fémur (mLDFA): 85,6° vs. 89,0° (MD: −3,37°; IC 95%: −4,16 a −2,58), en 2 estudios.
- Diferencia en el ángulo cadera-rodilla-tobillo (HKA): pequeña (MD: −0,96°; IC 95%: −1,83 a −0,09) y no robusta en los análisis de sensibilidad.
No se observaron diferencias significativas en el ángulo de convergencia de la línea articular (JLCA, joint-line convergence angle) ni en la pendiente tibial posterior.
Resultados funcionales y reportados por el paciente: sin diferencias detectables
A pesar de las diferencias radiográficas, no se demostró ninguna diferencia significativa entre DLO y HTO en ninguna subescala del cuestionario KOOS (Knee Injury and Osteoarthritis Outcome Score) ni en las puntuaciones KSS (Knee Society Score). Tampoco se encontraron diferencias en el tiempo de retorno al deporte.
Complicaciones y tiempo operatorio: un balance entre seguridad y duración
Desde el punto de vista quirúrgico, se observaron diferencias relevantes:
- Tiempo operatorio: mayor con DLO (137 min vs. 91 min; MD: 42,9 min; IC 95%: 25,7 a 60,2), basado en 2 estudios.
- Fractura de bisagra intraoperatoria: menos frecuente con DLO (14,0% vs. 34,6%; RR: 0,41; IC 95%: 0,23 a 0,73), en 3 estudios.
- Pseudoartrosis (falta de consolidación): no se reportó en ningún caso.
Qué significa para la práctica clínica en fisioterapia y rehabilitación
Esta es la sección más relevante para los profesionales de la rehabilitación, ya que los hallazgos tienen implicancias concretas en la planificación y ejecución del proceso de recuperación posquirúrgica.
Evaluación posquirúrgica: atención a la alineación articular
El fisioterapeuta o kinesiólogo que recibe a un paciente tras una DLO debe saber que la corrección se distribuye en dos niveles óseos —tibial y femoral—, lo que genera una geometría articular diferente a la de la HTO convencional. La menor JLO posoperatoria con DLO (1,6° frente a 5,9°) sugiere una línea articular más horizontal, lo que en principio es biomecánicamente deseable. Sin embargo, dado que la DLO se indicó con frecuencia en deformidades bifocales o de mayor magnitud, conviene no asumir que la corrección radiográfica refleja un punto de partida funcional equivalente al de los pacientes con HTO.
En la evaluación inicial posquirúrgica, es recomendable revisar los informes de imagen disponibles para comprender en qué nivel se realizaron las osteotomías y qué parámetros fueron corregidos. Esto orienta la progresión de carga y la selección de ejercicios.
Rehabilitación funcional: mismos objetivos, sin diferencias en los resultados reportados
El hallazgo de que no existen diferencias significativas en los resultados reportados por el paciente (KOOS, KSS) ni en el tiempo de retorno al deporte entre ambas técnicas es clínicamente relevante: indica que, desde la perspectiva del paciente y de la función, ambos grupos de pacientes llegan a destinos funcionales similares a los 3 años. Esto respalda la aplicación de protocolos de rehabilitación con objetivos funcionales comparables, adaptados al nivel de deformidad preoperatoria y al procedimiento específico, pero sin necesidad de establecer expectativas de resultado muy distintas según la técnica utilizada.
Conviene, no obstante, mantener la prudencia: la ausencia de diferencia estadística en una muestra observacional no equivale a equivalencia demostrada. Los protocolos de rehabilitación deben individualizarse según la magnitud de la corrección, el estado del cartílago articular, la condición muscular preoperatoria y la tolerancia del paciente a la carga.
Progresión de carga y riesgo de fractura de bisagra
La menor tasa de fractura de bisagra intraoperatoria con DLO (14,0% vs. 34,6%) es un dato que el equipo de rehabilitación debe considerar en el posoperatorio inmediato. Las fracturas de bisagra no detectadas o subestimadas pueden comprometer la estabilidad de la osteotomía y modificar el cronograma de carga de peso. Si bien en este metaanálisis no se reportaron casos de pseudoartrosis en ninguno de los grupos, la presencia de una fractura de bisagra —aunque sea parcial— justifica una progresión más conservadora de la carga hasta confirmar la consolidación radiográfica.
En pacientes con HTO, dado que la tasa de fractura de bisagra fue considerablemente mayor en los estudios incluidos, el seguimiento posquirúrgico temprano debe incluir la revisión del estado de consolidación antes de avanzar en la carga axial o en los ejercicios de cadena cinética cerrada de alta demanda.
Tiempo quirúrgico y recuperación posoperatoria inmediata
La DLO requirió en promedio casi 47 minutos más de tiempo quirúrgico (137 vs. 91 min). Si bien esto no es un factor que el fisioterapeuta controla directamente, un tiempo anestésico y quirúrgico más prolongado puede asociarse con mayor respuesta inflamatoria inicial, mayor inhibición muscular refleja y mayor edema posoperatorio, lo que puede influir en las primeras fases de la rehabilitación. Es razonable anticipar que estos pacientes pueden requerir un manejo más cuidadoso del edema y la activación muscular en el período inmediato, aunque el artículo no reporta datos específicos sobre el posoperatorio temprano.
Pendiente tibial posterior y estabilidad funcional
La ausencia de diferencias en la pendiente tibial posterior entre DLO y HTO es un dato tranquilizador desde la perspectiva de la estabilidad ligamentaria funcional. Cambios excesivos en este parámetro podrían afectar la biomecánica del ligamento cruzado anterior (LCA) y la estabilidad dinámica de la rodilla durante actividades funcionales. El hecho de que no se reportaran diferencias en este parámetro sugiere que, en términos de diseño del programa de rehabilitación orientado a la estabilidad articular dinámica, no sería necesario adoptar enfoques radicalmente distintos entre ambas técnicas.
Limitaciones del estudio que condicionan la aplicabilidad clínica
- Todos los estudios incluidos son observacionales, lo que implica un riesgo significativo de sesgo de selección. La DLO se indicó con mayor frecuencia en deformidades bifocales o de mayor magnitud, lo que dificulta comparaciones directas y puede explicar parte de las diferencias radiográficas observadas.
- La heterogeneidad estadística fue alta para la JLO (I² = 76%), lo que limita la interpretabilidad de ese resultado agrupado.
- El número de estudios disponibles para varios desenlaces fue pequeño (2 a 4 estudios), lo que reduce la potencia estadística de las comparaciones.
- El seguimiento medio de 3 años no permite evaluar resultados a largo plazo, como la progresión de la osteoartrosis o la necesidad de artroplastia.
- Los propios autores califican estos hallazgos como generadores de hipótesis que requieren confirmación prospectiva.
Conclusiones aplicables a la práctica clínica
- A los 3 años, DLO y HTO producen resultados funcionales y reportados por el paciente similares; los protocolos de rehabilitación pueden compartir objetivos funcionales equivalentes, adaptados al contexto individual.
- La menor JLO posoperatoria con DLO refleja en parte la selección de pacientes con deformidades más complejas; no debe interpretarse aisladamente como superioridad técnica universal.
- La mayor tasa de fractura de bisagra intraoperatoria asociada a HTO justifica una vigilancia estrecha de la consolidación ósea antes de progresar la carga axial en ese grupo.
- El mayor tiempo quirúrgico de la DLO puede influir en la respuesta inflamatoria inicial; conviene planificar el manejo del edema y la activación muscular temprana con esa consideración.
- La ausencia de diferencias en la pendiente tibial posterior respalda estrategias de estabilización dinámica similares entre ambas técnicas.
- Estos resultados provienen de estudios observacionales con sesgo de indicación; se necesitan estudios prospectivos antes de modificar protocolos de rehabilitación basándose exclusivamente en esta evidencia.


