La inestabilidad de hombro en atletas pediátricos y adolescentes representa un desafío clínico creciente: las tasas de recurrencia tras el manejo no quirúrgico alcanzan entre el 44 % y el 77 % en adolescentes, cifras que superan ampliamente las registradas en adultos, lo que obliga a replantear las estrategias de evaluación y tratamiento en esta población.
Qué se revisó: inestabilidad de hombro en el atleta joven
Esta revisión contemporánea sintetiza la evidencia disponible sobre los patrones de lesión, las técnicas diagnósticas, las opciones de tratamiento y los resultados asociados en atletas pediátricos y adolescentes con inestabilidad glenohumeral. El objetivo declarado fue orientar la toma de decisiones clínicas en un contexto donde la especialización deportiva temprana y la participación en deportes de alta demanda han incrementado la frecuencia y la complejidad de esta condición. Al tratarse de una revisión narrativa de la literatura contemporánea —y no de un estudio primario con muestra propia—, sus conclusiones deben interpretarse como una síntesis del estado actual del conocimiento, no como resultados de un ensayo clínico controlado.
Características anatómicas y del desarrollo que explican los patrones de lesión pediátricos
Una de las contribuciones centrales de esta revisión es destacar que la población pediátrica no es simplemente una versión en miniatura del adulto. Factores como la elasticidad capsular aumentada, la composición particular del colágeno, la presencia de fisas abiertas y la morfología aún en desarrollo del glenoide y el húmero determinan patrones de lesión propios de la edad.
Los niños más pequeños tienden a presentar lesiones atípicas de partes blandas con mayor frecuencia, mientras que los adolescentes muestran una incidencia notablemente mayor de lesiones de Hill-Sachs “fuera de pista” (off-track): el 24,4 % frente al 3,3 % en adultos. Esta diferencia refleja la menor resistencia del hueso inmaduro ante las fuerzas de impacto, y tiene implicancias directas sobre la elección del procedimiento quirúrgico cuando se llega a esa instancia.
Diagnóstico: historia clínica, examen físico e imagen avanzada
La revisión subraya que el diagnóstico de inestabilidad en el atleta pediátrico requiere una historia clínica exhaustiva, un examen físico detallado y la incorporación de factores sociales y socioeconómicos en la evaluación. Este último punto es relevante porque la adherencia al tratamiento —tanto conservador como posquirúrgico— y el acceso a la rehabilitación pueden verse condicionados por el entorno del paciente.
Además del examen clínico, se destaca la necesidad de imágenes avanzadas para caracterizar adecuadamente las lesiones óseas (pérdida de stock glenoideo, morfología de las lesiones de Hill-Sachs) antes de definir la estrategia terapéutica.
Resultados del manejo no quirúrgico y quirúrgico
El manejo no quirúrgico en adolescentes se asocia a tasas de recurrencia de entre el 44 % y el 77 %, lo que representa un riesgo sustancialmente mayor que en la población adulta. Esto pone en cuestión la idoneidad del tratamiento conservador como única estrategia en determinados perfiles de pacientes jóvenes.
En cuanto al tratamiento quirúrgico, la reparación artroscópica de Bankart es el procedimiento más frecuente y se asocia a tasas de retorno al deporte de entre el 75 % y el 90 %. Sin embargo, las tasas de recurrencia posquirúrgica en pacientes pediátricos oscilan entre el 15 % y el 50 %, muy por encima de las observadas en adultos.
Para adolescentes con lesiones de Hill-Sachs off-track, la técnica de remplissage se asocia a una reducción de la recurrencia. En pacientes con pérdida ósea glenoidea significativa o con fracaso de una estabilización previa, los procedimientos de aumento óseo como el Latarjet muestran tasas de recurrencia más bajas, de entre el 3 % y el 8 %. No obstante, los resultados a largo plazo en pacientes con esqueleto inmaduro y los procedimientos alternativos de bloque óseo permanecen insuficientemente estudiados.
Qué significa para la práctica clínica en fisioterapia y rehabilitación
Estratificación del riesgo como eje de la evaluación
La revisión enfatiza que el manejo debe ser individualizado y basado en una estratificación del riesgo que contemple múltiples variables: madurez esquelética, demandas deportivas específicas (especialmente en deportes de colisión), pérdida ósea, morfología de las lesiones, historia previa de episodios de inestabilidad y, de manera explícita, la adherencia del paciente y su entorno.
Para el fisioterapeuta o kinesiólogo que trabaja con esta población, esto implica ir más allá de la evaluación biomecánica del hombro. Conviene incorporar una valoración funcional que considere el nivel competitivo del atleta, el tipo de deporte, la etapa de desarrollo físico y los factores contextuales que pueden comprometer la adherencia al programa de rehabilitación.
El manejo conservador no es una opción universal en adolescentes
Las tasas de recurrencia del 44 % al 77 % con manejo no quirúrgico en adolescentes obligan a no asumir que la rehabilitación conservadora es siempre la primera línea adecuada. En atletas jóvenes con múltiples episodios de inestabilidad, participación en deportes de colisión o con lesiones óseas asociadas, la derivación oportuna al equipo médico para valorar la indicación quirúrgica es parte de una práctica responsable.
Esto no significa que el rol del fisioterapeuta quede relegado en los casos no quirúrgicos; al contrario, en los pacientes que sí son candidatos al manejo conservador, un programa estructurado de fortalecimiento de la musculatura estabilizadora dinámica del hombro (manguito rotador, serrato anterior, trapecio) y de reentrenamiento neuromuscular es fundamental. Sin embargo, conviene establecer metas realistas y comunicar al paciente y a su entorno el riesgo de recurrencia inherente a esta población.
Rehabilitación posquirúrgica: criterios de progresión adaptados a la edad
Dado que las tasas de recurrencia posquirúrgica en pediátricos (15 %-50 %) superan significativamente las de los adultos, la rehabilitación tras una reparación de Bankart u otros procedimientos de estabilización debe ser planificada con especial cautela. La madurez esquelética condiciona la calidad del tejido reparado y la respuesta biológica a la cirugía, lo que sugiere que los protocolos de progresión diseñados para adultos no son directamente trasladables a esta población.
En pacientes sometidos a procedimientos de aumento óseo como el Latarjet, donde las tasas de recurrencia son menores (3 %-8 %), la rehabilitación puede orientarse con mayor confianza hacia el retorno deportivo, aunque siempre respetando los tiempos de consolidación ósea, que en el esqueleto inmaduro tienen sus propias particularidades.
Retorno al deporte: criterios funcionales y no solo temporales
Las tasas de retorno al deporte del 75 % al 90 % tras la reparación de Bankart son alentadoras, pero deben contextualizarse con las tasas de recurrencia. Conviene no tomar la fecha calendario como único criterio de alta deportiva. En cambio, se recomienda incorporar criterios funcionales: fuerza comparada entre ambos lados, control neuromuscular, confianza del atleta y adecuación al gesto deportivo específico, especialmente en deportes de lanzamiento o de contacto.
Atención a las lesiones de Hill-Sachs off-track en adolescentes
La mayor prevalencia de lesiones de Hill-Sachs off-track en adolescentes (24,4 % vs. 3,3 % en adultos) es un dato que el equipo de rehabilitación debe conocer. Aunque la decisión sobre el procedimiento quirúrgico no corresponde al fisioterapeuta, sí es relevante comprender que la presencia de este tipo de lesión puede modificar el abordaje quirúrgico (con adición de remplissage) y, por tanto, el protocolo de rehabilitación posoperatoria. La comunicación fluida con el equipo quirúrgico es imprescindible para adaptar el programa de rehabilitación a la técnica efectivamente realizada.
Factores socioeconómicos y adherencia: variables que no pueden ignorarse
La revisión incluye explícitamente la evaluación de factores sociales y socioeconómicos como parte del proceso diagnóstico y de toma de decisiones. Para la práctica clínica en rehabilitación, esto se traduce en considerar la disponibilidad del paciente para asistir a sesiones, el acceso a equipamiento, el apoyo familiar y la motivación del atleta. Estos factores pueden ser determinantes en el éxito del tratamiento, tanto conservador como posquirúrgico.
Limitaciones de esta revisión
Al ser una revisión narrativa, no establece una jerarquía formal de la evidencia ni realiza un metaanálisis cuantitativo. Los autores reconocen explícitamente que los resultados a largo plazo en pacientes con esqueleto inmaduro y los procedimientos alternativos de bloque óseo permanecen insuficientemente estudiados. Asimismo, la heterogeneidad de los estudios disponibles en esta población limita la posibilidad de extraer conclusiones definitivas. Las cifras reportadas (tasas de recurrencia, retorno al deporte) provienen de estudios diversos con diseños, poblaciones y seguimientos variables, lo que debe tenerse en cuenta al interpretar los datos.
Conclusiones aplicables para la práctica clínica
- La inestabilidad glenohumeral en atletas pediátricos y adolescentes tiene características anatómicas, biomecánicas y clínicas propias que la diferencian de la presentación en adultos; los protocolos diseñados para adultos no son directamente aplicables.
- Las tasas de recurrencia con manejo no quirúrgico en adolescentes (44 %-77 %) son muy elevadas, especialmente en deportes de colisión, lo que justifica una derivación médica oportuna para valorar la indicación quirúrgica en perfiles de alto riesgo.
- La reparación artroscópica de Bankart ofrece tasas de retorno al deporte del 75 %-90 %, pero con recurrencia posquirúrgica del 15 %-50 % en esta población; las expectativas del paciente y su familia deben ajustarse a estos datos.
- Los adolescentes presentan lesiones de Hill-Sachs off-track con mayor frecuencia que los adultos (24,4 % vs. 3,3 %), lo que puede modificar la estrategia quirúrgica y, por tanto, el programa de rehabilitación.
- El Latarjet y otros procedimientos de aumento óseo muestran tasas de recurrencia más bajas (3 %-8 %) en casos con pérdida ósea significativa o fracaso de estabilizaciones previas, aunque la evidencia en esqueleto inmaduro es aún limitada.
- La evaluación clínica debe incluir factores socioeconómicos y de adherencia, que pueden condicionar significativamente el resultado del tratamiento.
- El criterio de retorno al deporte debe ser funcional y no exclusivamente temporal, con especial atención al control neuromuscular y a las demandas específicas del deporte practicado.
- La comunicación interdisciplinaria entre el equipo quirúrgico y el equipo de rehabilitación es esencial para adaptar los protocolos a la técnica empleada y a las características del paciente individual.


