La heterogeneidad diagnóstica y metodológica extrema que caracteriza a la investigación sobre el síndrome de la banda iliotibial (SBIT) impide establecer conclusiones definitivas sobre qué tratamiento es superior a otro. Esta revisión sistemática, la primera en integrar todas las modalidades terapéuticas disponibles bajo un marco estandarizado de niveles de evidencia, subraya la urgencia de consensuar criterios diagnósticos y diseñar ensayos comparativos de mayor rigor.
Qué se estudió: población, diseño y categorías de tratamiento
Se realizó una revisión sistemática siguiendo las directrices PRISMA 2020, con protocolo registrado en PROSPERO. La búsqueda abarcó las bases de datos PubMed, Embase y Web of Science desde su inicio hasta el 29 de abril de 2026. Fueron elegibles estudios que incluyeran ensayos controlados aleatorizados (ECA), cohortes prospectivas y retrospectivas, y series de casos que reportaran resultados en adultos con diagnóstico clínico de SBIT.
Se incluyeron 24 estudios con un total de 1.012 pacientes. Los tratamientos evaluados se organizaron en cinco categorías:
- Ejercicio terapéutico
- Fisioterapia instrumental
- Terapia manual y técnicas mínimamente invasivas
- Tratamientos inyectables, farmacológicos y biológicos
- Intervenciones quirúrgicas
Los desenlaces primarios fueron la reducción del dolor y la mejora funcional. Los secundarios incluyeron el retorno al deporte, la recurrencia, la calidad de vida, la satisfacción del paciente y los eventos adversos. El riesgo de sesgo se evaluó con la herramienta Cochrane RoB 2 y las herramientas de evaluación de calidad del NIH. Los niveles de evidencia se estratificaron según el sistema del Centro Oxford de Medicina Basada en la Evidencia (Oxford CEBM, por sus siglas en inglés).
Resultados: niveles de evidencia por modalidad terapéutica
Todos los tratamientos evaluados mostraron mejoras en dolor y función, pero la calidad de la evidencia varió considerablemente entre categorías. La siguiente tabla resume los niveles de evidencia alcanzados:
| Categoría terapéutica | Nivel de evidencia Oxford CEBM | Observaciones destacadas |
|---|---|---|
| Terapia manual | Nivel I | — |
| Inyecciones de corticosteroides / tratamientos farmacológicos | Nivel I | — |
| Plasma rico en plaquetas (PRP) guiado por ecografía | Nivel I | Un único ECA con poder estadístico adecuado y control con placebo; aún no replicado de forma independiente |
| Ejercicio terapéutico | Nivel Ib | — |
| Fisioterapia instrumental | Nivel Ib | — |
| Cirugía | Nivel IV | Evidencia de menor calidad metodológica |
| TECAR, láser de baja intensidad, proloterapia, ácido hialurónico | Sin evidencia controlada específica para SBIT | No existen ensayos controlados específicos para esta patología |
Conviene destacar que el nivel de evidencia alcanzado no implica superioridad de un tratamiento sobre otro, sino que refleja la calidad metodológica de los estudios disponibles. La heterogeneidad extrema en los métodos y la ausencia de criterios diagnósticos estandarizados impidieron realizar meta-análisis robustos y comparaciones directas entre intervenciones.
Qué significa para la práctica clínica en fisioterapia y kinesiología
Rehabilitación estructurada como primera línea en SBIT de inicio reciente
Los autores señalan que la rehabilitación estructurada sigue siendo el abordaje de primera línea razonable para los pacientes con diagnóstico reciente de SBIT. Esto respalda la práctica clínica habitual en la que el ejercicio terapéutico y la fisioterapia se ofrecen antes de considerar opciones más invasivas. Sin embargo, los datos también evidencian que el ejercicio terapéutico y la fisioterapia instrumental alcanzaron únicamente un nivel de evidencia Ib, lo que refleja que, si bien existe evidencia favorable, aún falta una base de ensayos clínicos bien diseñados que comparen estas intervenciones entre sí o frente a un control activo.
En la evaluación inicial conviene identificar con claridad los factores biomecánicos asociados al SBIT —debilidad de abductores y rotadores externos de cadera, errores de entrenamiento, calzado inadecuado— dado que estos son objetivos habituales del ejercicio terapéutico. No obstante, este artículo no avala protocolos específicos de ejercicio por encima de otros, ya que la evidencia disponible no permite esa distinción.
Opciones mínimamente invasivas en SBIT refractario: PRP y corticosteroides
Para los casos de SBIT refractario —aquellos que no responden a la rehabilitación convencional—, la revisión identifica dos opciones con evidencia de mayor jerarquía:
- PRP (plasma rico en plaquetas) guiado por ecografía: Un único ECA con adecuada potencia estadística y control con placebo elevó esta intervención al nivel I de evidencia. Los autores califican al PRP como una opción mínimamente invasiva prometedora, aunque advierten explícitamente que los resultados aún no han sido replicados de forma independiente. Esto es fundamental: en la práctica clínica, ofrecer PRP en SBIT refractario puede ser una opción razonable a considerar junto al paciente, pero sin presentarla como un tratamiento consolidado.
- Inyecciones de corticosteroides: También alcanzaron nivel I de evidencia. Pueden considerarse en casos seleccionados dentro del manejo del SBIT refractario, con las precauciones habituales asociadas a su uso repetido.
Es importante destacar que la decisión de derivar a un paciente hacia estas opciones debe basarse en la evolución clínica individual, la duración de los síntomas y la respuesta previa al tratamiento conservador, siempre en el marco de un equipo multidisciplinario.
Terapia manual: evidencia de nivel I, pero sin comparaciones directas
La terapia manual también alcanzó nivel I de evidencia en esta revisión, lo cual puede orientar a los profesionales a considerarla dentro del abordaje multimodal del SBIT. Sin embargo, al igual que con el resto de las modalidades, la heterogeneidad metodológica impide afirmar qué técnica específica es más efectiva o en qué pacientes conviene priorizar esta intervención sobre otras. La terapia manual puede integrarse en el plan de tratamiento, especialmente cuando se busca un abordaje conservador combinado.
Modalidades sin evidencia controlada específica: precaución clínica
El TECAR (Transferencia de Energía Capacitiva y Resistiva), el láser de baja intensidad, la proloterapia y el ácido hialurónico carecen de ensayos controlados específicos para el SBIT. Esto no significa que sean ineficaces, pero sí que no existe evidencia suficiente para recomendarlos en esta patología concreta. En la práctica, conviene ser transparente con los pacientes al respecto y evitar ofrecer estas modalidades como tratamientos de elección.
Cirugía: reservada para casos muy seleccionados
Los tratamientos quirúrgicos alcanzaron únicamente nivel IV de evidencia, el más bajo de la escala. Los autores indican que la cirugía puede considerarse en casos seleccionados, pero la debilidad metodológica de los estudios disponibles no permite establecer indicaciones precisas ni comparaciones con el tratamiento conservador. Desde la perspectiva de la fisioterapia, esto refuerza la importancia de agotar las opciones conservadoras antes de plantear una derivación quirúrgica.
El problema del diagnóstico: una advertencia para la práctica diaria
Uno de los hallazgos más relevantes de esta revisión para los profesionales clínicos es la ausencia de criterios diagnósticos estandarizados para el SBIT. La heterogeneidad diagnóstica entre los estudios fue tan extrema que los propios autores la señalan como la principal limitación del campo, no de su revisión. Esto tiene implicancias directas: en la clínica diaria, la variabilidad en cómo se diagnostica el SBIT puede estar influyendo en los resultados del tratamiento. Utilizar criterios diagnósticos explícitos y reproducibles —y documentarlos— no solo mejora la atención al paciente, sino que contribuye a construir una base de evidencia más sólida.
Limitaciones de la revisión
Los propios autores reconocen que las limitaciones no son atribuibles al diseño de la revisión, sino al estado del campo: la heterogeneidad diagnóstica extrema y la variabilidad metodológica de los estudios incluidos impidieron establecer conclusiones más definitivas. El hecho de que el PRP cuente con un único ECA bien diseñado, aún sin replicación independiente, es también una limitación relevante a tener en cuenta al interpretar ese resultado. Asimismo, la inclusión de series de casos en algunas categorías reduce el nivel de certeza de las conclusiones en esas áreas.
Conclusiones aplicables a la práctica clínica
- La rehabilitación estructurada es el abordaje de primera línea razonable para el SBIT de diagnóstico reciente, aunque la evidencia comparativa entre protocolos específicos de ejercicio es aún insuficiente.
- En el SBIT refractario, el PRP guiado por ecografía emerge como una opción prometedora con nivel I de evidencia, pero a partir de un único ensayo controlado no replicado; debe comunicarse esta incertidumbre al paciente.
- Las inyecciones de corticosteroides y la terapia manual también alcanzaron nivel I de evidencia y pueden considerarse en casos seleccionados dentro de un abordaje integral.
- El ejercicio terapéutico y la fisioterapia instrumental alcanzaron nivel Ib; son intervenciones respaldadas, pero requieren mayor evidencia comparativa.
- Modalidades como TECAR, láser de baja intensidad, proloterapia y ácido hialurónico no cuentan con evidencia controlada específica para el SBIT y no pueden recomendarse como opciones de elección.
- La cirugía queda reservada para casos muy seleccionados, con evidencia de nivel IV únicamente.
- La ausencia de criterios diagnósticos estandarizados es el principal obstáculo del campo: estandarizar el diagnóstico en la práctica clínica y en la investigación es una prioridad señalada explícitamente por los autores.
- No es posible recomendar un tratamiento por encima de otro con la evidencia actual; las decisiones clínicas deben individualizarse y apoyarse en la evolución del paciente.


