La elastografía por ondas de corte (SWE, por sus siglas en inglés shear wave elastography) revela déficits mecánicos músculo-específicos tras la reconstrucción del ligamento cruzado anterior (RLCA) que los tests de fuerza convencionales no detectan: un vasto medial más complaciente puede explicar por qué hay atletas que cumplen los criterios de fuerza pero aun así aterrizan rígidamente o dudan al despegar. Esta revisión sistemática es la primera en sintetizar los hallazgos de SWE en el miembro inferior después de la RLCA, y sus resultados tienen implicancias directas para la evaluación y la toma de decisiones en el retorno al deporte.
Qué se estudió: diseño, población e intervención
Los autores realizaron una revisión sistemática con búsqueda en cuatro bases de datos (Scopus, PubMed, SPORTDiscus y CINAHL) hasta noviembre de 2025, siguiendo las directrices PRISMA 2020. Se incluyeron estudios que comparaban la rigidez muscular del miembro inferior medida con SWE tras la RLCA con el miembro contralateral o con controles sanos.
Seis estudios cumplieron los criterios de elegibilidad, con un total de 173 participantes con RLCA y 79 controles. La calidad metodológica de los estudios, evaluada con la herramienta Downs and Black, se situó en un rango de pobre a buena. Dado el reducido número de estudios y la heterogeneidad de los protocolos, los resultados se sintetizaron de forma narrativa; se calculó la g de Hedges (con intervalos de confianza del 95 %) cuando los datos lo permitieron.
Hallazgos principales: rigidez del vasto medial y del semitendinoso tras la RLCA
Vasto medial: déficit consistente y funcionalmente relevante
El hallazgo más robusto de la revisión fue la reducción consistente del módulo de cizallamiento pasivo del vasto medial en el miembro operado. El tamaño del efecto fue grande, con valores de g de Hedges entre −1,10 y −1,21 respecto a los controles. Lo más relevante desde el punto de vista clínico es que esta reducción se asoció con la fuerza del cuádriceps, la función de la rodilla y la biomecánica de aterrizaje. En otras palabras, un vasto medial mecánicamente más complaciente se correlacionó con peores patrones de aterrizaje, incluso en pacientes que superaban los umbrales de fuerza habitualmente exigidos para el alta deportiva.
Semitendinoso: morbilidad del sitio donante claramente identificable
En los casos en que el tendón del semitendinoso fue utilizado como injerto, la SWE detectó una reducción significativa de la rigidez muscular con tamaños del efecto de g = −1,29 a −1,64. Sin embargo, este déficit no se observó en la zona media del vientre muscular al momento del retorno al deporte, lo que sugiere cierta recuperación regional, aunque queda por determinar si es completa y funcionalmente suficiente.
Déficits longitudinales y datos en contracción activa
Los déficits en rigidez pasiva persistieron al menos hasta los tres meses tras la cirugía. Los hallazgos obtenidos durante la contracción activa, en cambio, fueron contradictorios entre los estudios incluidos. Ningún estudio evaluó el vasto medial oblicuo distal ni la unión musculotendinosa distal de los isquiosurales, dos regiones con relevancia clínica potencial que permanecen inexploradas con esta tecnología.
Qué significa para la práctica clínica: evaluación, tratamiento y retorno al deporte
Un argumento biomecánico para el atleta “fuerte pero disfuncional”
Uno de los problemas más frecuentes en la rehabilitación post-RLCA es el paciente que alcanza los ratios de fuerza isocinética requeridos pero sigue mostrando patrones de movimiento deficientes: aterrizajes con predominio del valgo, menor flexión de rodilla en la recepción o asimetría en el salto. Hasta ahora, la explicación clínica para esta disociación era difícil de articular. Los resultados de esta revisión ofrecen una base mecánica concreta: la rigidez muscular —no solo la fuerza— influye en la velocidad de transmisión de fuerzas al segmento articular. Un vasto medial más complaciente puede generar una respuesta de amortiguación menos eficiente durante el aterrizaje, independientemente de la masa muscular o del pico de torque.
Esto invita a considerar la SWE como una herramienta complementaria en la evaluación funcional post-RLCA, especialmente en pacientes que presentan esta disociación entre fuerza y rendimiento funcional. No se trata de reemplazar la dinamometría isocinética, sino de añadir una dimensión de información que hasta ahora no estaba disponible de forma accesible en la práctica clínica.
Monitorización del sitio donante en injertos de isquiosurales
En la práctica habitual, la morbilidad del sitio donante del semitendinoso suele evaluarse mediante tests de fuerza isocinética o cuestionarios de función. La SWE puede agregar información sobre la calidad mecánica del tejido regenerado, especialmente en el período posoperatorio temprano y medio. Un déficit de rigidez de g = −1,29 a −1,64 es clínicamente relevante y podría orientar decisiones sobre la progresión de la carga excéntrica en isquiosurales o sobre los tiempos de exposición al gesto deportivo específico.
Conviene tener presente que la recuperación observada en la zona media del vientre al retorno al deporte no implica una recuperación completa: las regiones distales del músculo y de la unión musculotendinosa no fueron evaluadas en ningún estudio, por lo que existe una brecha de conocimiento importante en zonas donde habitualmente se producen las lesiones musculares.
Dónde y cuándo medir: implicancias para el protocolo de evaluación
La revisión pone de manifiesto que la región de muestreo ecográfico importa. Los estudios no evaluaron el vasto medial oblicuo distal ni la zona musculotendinosa distal de los isquiosurales, que son áreas funcionalmente críticas. Hasta que se desarrollen y validen protocolos estandarizados, la interpretación de las mediciones con SWE debe hacerse con cautela, documentando siempre la región exacta de medición, el ángulo articular y el estado de contracción muscular (pasivo vs. activo).
El seguimiento longitudinal también es un aspecto pendiente: los déficits documentados se extienden al menos hasta los tres meses, pero no se dispone de datos sistemáticos hasta el alta deportiva. Esto limita la posibilidad de establecer umbrales o criterios de SWE para el retorno al deporte, algo que la evidencia actual no permite sustentar.
Precauciones al incorporar la SWE en la práctica
- La SWE es una herramienta operador-dependiente: la reproducibilidad de las mediciones requiere entrenamiento específico y estandarización del protocolo.
- Los estudios incluidos tienen calidad metodológica de pobre a buena, y la muestra total es pequeña (173 participantes con RLCA). No se deben generalizar los valores de corte a otros contextos o poblaciones sin validación previa.
- Los hallazgos en contracción activa son inconsistentes, por lo que actualmente la medición en reposo es la que cuenta con mayor respaldo en este contexto.
- La SWE mide rigidez pasiva del tejido muscular, no fuerza ni control neuromuscular: debe integrarse en una evaluación multimodal, no usarse de forma aislada.
Limitaciones del estudio
Los propios autores señalan varias limitaciones importantes. El número de estudios incluidos es pequeño (n = 6) y la calidad metodológica es heterogénea, lo que impidió realizar un metaanálisis formal para todas las comparaciones. La síntesis narrativa y el cálculo selectivo de g de Hedges reflejan esta limitación. Además, ningún estudio evaluó regiones musculares distales de alta relevancia clínica, y los protocolos de medición diferían entre estudios en cuanto a posición del paciente, región de muestreo y condición de contracción. La ausencia de seguimiento hasta el retorno al deporte impide extraer conclusiones sobre la evolución temporal completa de los déficits de rigidez.
Conclusiones aplicables a la práctica clínica
- La SWE detecta déficits de rigidez muscular en el vasto medial y el semitendinoso tras la RLCA que no quedan reflejados en los tests de fuerza convencionales, aunque la evidencia disponible es aún limitada (seis estudios, calidad de pobre a buena).
- Un vasto medial mecánicamente más complaciente se asocia con peores patrones de aterrizaje y menor función de rodilla, lo que ofrece una explicación biomecánica para la disociación entre fuerza y rendimiento funcional en algunos pacientes post-RLCA.
- En injertos de tendón del semitendinoso, la SWE puede ser útil para monitorizar la morbilidad del sitio donante más allá de los tests isocinéticos, aunque los datos sobre regiones distales son inexistentes.
- Los déficits de rigidez persisten al menos hasta los tres meses; no hay datos suficientes para establecer criterios de SWE para el retorno al deporte.
- Antes de incorporar la SWE como herramienta de toma de decisiones en rehabilitación post-RLCA, se necesitan protocolos estandarizados que incluyan regiones clínicamente relevantes (vasto medial oblicuo distal, unión musculotendinosa distal de isquiosurales) y seguimiento hasta el alta deportiva.
- Por ahora, la SWE debe considerarse una herramienta complementaria y de investigación en este contexto, no un criterio de alta o retorno al deporte de forma independiente.


