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VigIA Dolor

Dolor previo de espalda y articulaciones asociado al síndrome locomotor en cáncer

Casi tres de cada diez pacientes oncológicos sometidos a resección tumoral primaria presentaron deterioro del síndrome locomotor a los seis meses de la cirugía, y quienes tenían dolor previo en la región lumbar o en grandes articulaciones mostraron un riesgo tres veces mayor de experimentar ese deterioro. Identificar este factor preoperatorio puede ser clave para que los equipos de rehabilitación prioricen la vigilancia y la intervención temprana en esta población.

Síndrome locomotor en pacientes con cáncer: qué se investigó

El síndrome locomotor (LS) agrupa las alteraciones de la función locomotora —marcha, equilibrio y capacidad de movimiento independiente— que aumentan el riesgo de necesitar ayuda para las actividades de la vida diaria. Aunque este problema es cada vez más reconocido en la supervivencia oncológica, hasta ahora no estaba claro cómo evoluciona en los primeros meses tras la resección del tumor primario.

Este estudio prospectivo reclutó a 142 pacientes adultos con diagnóstico de cáncer, hospitalizados para resección de tumor primario entre mayo de 2020 y diciembre de 2021. De ese total, 104 completaron las evaluaciones preoperatoria y postoperatoria y fueron incluidos en el análisis final.

El LS se evaluó en dos momentos:

  • Preoperatorio: dentro de los siete días anteriores a la cirugía.
  • Postoperatorio: a los seis meses de la intervención.

Los instrumentos utilizados fueron tres herramientas validadas para la clasificación del LS:

  • Stand-up test (prueba de incorporación desde una silla).
  • Two-step test (prueba de longitud de zancada en dos pasos).
  • 25-question Geriatric Locomotive Function Scale (GLFS-25), cuestionario de 25 ítems sobre función locomotora en adultos mayores.

El desenlace primario fue el deterioro del LS, definido como un avance de al menos un estadio respecto al nivel basal.

Deterioro locomotor a los seis meses: hallazgos numéricos principales

De los 104 pacientes que completaron ambas evaluaciones, 30 (28,8 %) presentaron deterioro del síndrome locomotor a los seis meses de la cirugía.

El único factor preoperatorio que se asoció de forma significativa con ese deterioro fue la presencia de dolor previo en la región lumbar o en grandes articulaciones:

  • Deterioro en pacientes con dolor previo: 38,6 %
  • Deterioro en pacientes sin dolor previo: 17,0 %
  • Odds ratio (OR): 3,06 (intervalo de confianza del 95 %: 1,21–7,77; p = 0,019)

En el análisis de sensibilidad —restringido a medidas de rendimiento físico objetivo y excluyendo a quienes ya se encontraban en el estadio 3 basado en rendimiento físico— la asociación se mantuvo significativa:

  • OR: 3,64 (IC 95 %: 1,31–10,08; p = 0,012)

Por el contrario, ninguno de los siguientes factores mostró asociación significativa con el deterioro locomotor: edad, sexo, índice de masa corporal (IMC), osteoporosis, presencia de metástasis viscerales o óseas en la línea de base, inicio de quimioterapia o inicio de terapia hormonal tras la cirugía.

Qué significa para la evaluación y la rehabilitación oncológica

El dolor musculoesquelético previo como señal de alarma preoperatoria

El hallazgo más relevante para la práctica clínica es que el dolor preexistente en la espalda baja o en grandes articulaciones —un dato fácil de recoger en la anamnesis— triplica el riesgo de deterioro locomotor a los seis meses. Esto sugiere que, durante la valoración preoperatoria, conviene registrar sistemáticamente la presencia y localización del dolor musculoesquelético en pacientes que van a ser sometidos a resección tumoral primaria.

Este screening no requiere equipamiento especial: basta con preguntar al paciente si tiene dolor lumbar o articular crónico o recurrente. Incorporar este dato en el perfil de riesgo del paciente oncológico puede ayudar a los fisioterapeutas y kinesiólogos a priorizar recursos de seguimiento.

Evaluación del síndrome locomotor con herramientas accesibles

El estudio utilizó tres instrumentos que son aplicables en entornos clínicos habituales: el stand-up test, el two-step test y el GLFS-25. Su combinación permite estadificar el LS antes de la cirugía y monitorizar cambios a lo largo del seguimiento. Integrar estas evaluaciones en el protocolo perioperatorio de pacientes oncológicos aportaría una línea de base objetiva para detectar deterioro de forma temprana, antes de que la pérdida funcional sea clínicamente evidente.

Intervención focalizada en pacientes de mayor riesgo

Dado que cerca del 29 % de los pacientes deterioró su función locomotora a los seis meses, y que quienes tenían dolor previo presentaron tasas aún más elevadas (38,6 %), se justifica considerar programas de rehabilitación proactiva en este subgrupo. Las implicancias concretas incluyen:

  • Inicio temprano de la fisioterapia postoperatoria en pacientes con antecedente de dolor lumbar o articular, sin esperar a que aparezcan déficits funcionales manifiestos.
  • Objetivos funcionales específicos orientados a la locomoción: trabajo de marcha, equilibrio dinámico y fortalecimiento de extremidades inferiores, adaptados a las posibles limitaciones dolorosas preexistentes.
  • Abordaje del componente doloroso como parte integral del plan terapéutico, ya que el dolor musculoesquelético puede persistir o agravarse en el contexto postquirúrgico y oncológico.
  • Seguimiento estructurado a los seis meses, que es el punto temporal evaluado en este estudio y en el que se concentró el deterioro documentado.

Factores que no resultaron predictores: una guía para no sobreseleccionar

El hecho de que la edad, el IMC, la presencia de metástasis, el inicio de quimioterapia o de hormonoterapia no se asociaran significativamente con el deterioro locomotor invita a no restringir la vigilancia solo a los pacientes de mayor edad o con enfermedad más avanzada. El dolor musculoesquelético previo podría aparecer en pacientes más jóvenes o con estadios menos avanzados, por lo que la evaluación sistemática debería aplicarse de manera transversal.

Precauciones al aplicar estos resultados

Conviene ser cauteloso al extrapolar estos datos. El estudio no especifica los tipos de cáncer ni las cirugías incluidas, lo que limita saber si los resultados aplican por igual a todas las neoplasias. Además, la muestra final fue de 104 pacientes, lo que confiere cierta potencia estadística limitada. El diseño observacional permite hablar de asociación, no de causalidad: el dolor previo se asoció con mayor riesgo de deterioro, pero no se puede afirmar que lo cause directamente.

Limitaciones del estudio

  • Pérdidas de seguimiento: de 142 pacientes reclutados, solo 104 completaron ambas evaluaciones, lo que puede introducir sesgo de selección si los pacientes que no completaron el seguimiento tenían perfiles distintos.
  • Diseño observacional prospectivo: permite identificar asociaciones, pero no establecer relaciones causales.
  • Muestra relativamente pequeña: el análisis de subgrupos y de sensibilidad se realizó sobre un número reducido de participantes, lo que puede afectar la estabilidad de las estimaciones.
  • Seguimiento limitado a seis meses: no se conoce la evolución locomotora a más largo plazo ni si el deterioro se revierte o progresa.
  • Heterogeneidad no especificada: el resumen no detalla los tipos tumorales ni los procedimientos quirúrgicos incluidos, lo que dificulta la extrapolación a poblaciones oncológicas específicas.

Conclusiones aplicables para la práctica clínica

  1. Aproximadamente el 29 % de los pacientes con cáncer sometidos a resección tumoral primaria presentan deterioro del síndrome locomotor a los seis meses de la cirugía.
  2. El dolor preexistente en la región lumbar o en grandes articulaciones es el único factor analizado que se asoció de forma significativa con ese deterioro (OR 3,06), y esta asociación se mantuvo en el análisis de sensibilidad (OR 3,64).
  3. Registrar el dolor musculoesquelético previo en la evaluación preoperatoria puede ayudar a identificar a los pacientes con mayor riesgo de deterioro locomotor postquirúrgico.
  4. Las herramientas utilizadas —stand-up test, two-step test y GLFS-25— son instrumentos accesibles para estadificar y monitorizar el LS en contextos oncológicos.
  5. Los resultados son observacionales y provienen de una muestra única; no deben generalizarse sin considerar las características específicas de cada paciente ni el tipo de neoplasia o cirugía.
  6. Se necesitan estudios con muestras más amplias, mayor diversidad de tipos tumorales y seguimientos más prolongados para confirmar estos hallazgos y evaluar intervenciones preventivas.
Interpretación elaborada con inteligencia artificial (Claude, de Anthropic) a partir de la publicación original, y revisada por el Comité Académico de Fisio One.
Publicación Original