Tras la reconstrucción del ligamento cruzado anterior (LCA), hombres y mujeres no siguen el mismo perfil de recuperación: aunque las tasas globales de retorno al deporte son similares, los hombres recuperan con mayor frecuencia su nivel de actividad previo a la lesión y obtienen mejores puntuaciones funcionales y psicológicas a los cinco años. Este hallazgo cuestiona directamente el uso del retorno al deporte como indicador único de recuperación exitosa en ambos sexos.
Qué se estudió: diseño, población e intervenciones evaluadas
Se trata de un estudio de cohorte retrospectivo con nivel de evidencia III que incluyó a 479 pacientes consecutivos operados de reconstrucción primaria del LCA entre enero de 2017 y diciembre de 2019. La muestra estuvo compuesta por 173 mujeres (36,1 %) y 306 hombres (63,9 %). Todos los participantes contaban con una evaluación funcional y psicológica estandarizada a los seis meses postoperatorios y con seguimiento disponible a los cinco años.
Las variables comparadas entre sexos incluyeron características basales, fuerza de cuádriceps y rendimiento en pruebas de salto a los seis meses, y resultados reportados por el paciente a los cinco años. El desenlace primario fue la recuperación del nivel de actividad previo a la lesión, definida como una puntuación postoperatoria en la escala de Tegner igual o superior a la puntuación preoperatoria. Se utilizó regresión logística multivariable para identificar los factores independientemente asociados con dicho desenlace.
Diferencias funcionales tempranas a los seis meses: fuerza y salto
En la evaluación a los seis meses, los hombres mostraron una mayor simetría de fuerza del cuádriceps entre miembros y menores déficits en las pruebas de salto en comparación con las mujeres. Sin embargo, las puntuaciones en la escala ACL-RSI (Anterior Cruciate Ligament – Return to Sport after Injury), que mide la disposición psicológica para el retorno al deporte, no difirieron de forma significativa entre grupos en ese momento.
Resultados a cinco años: retorno al deporte, función subjetiva y readiness psicológica
A los cinco años, la tasa global de retorno al deporte fue similar entre sexos: 61,2 % en hombres (187 de 306) frente a 59,5 % en mujeres (103 de 173), sin diferencia estadísticamente significativa (p = 0,85). Sin embargo, al analizar la calidad de esa recuperación, los hombres obtuvieron resultados superiores en múltiples dimensiones:
- Escala de Tegner postoperatoria: mediana de 6 (rango intercuartílico 5–7) en hombres frente a 5 (4–7) en mujeres (p < 0,001).
- Puntuación IKDC (International Knee Documentation Committee): 82,5 (75,7–87,3) en hombres frente a 79,5 (72,8–86,3) en mujeres (p = 0,02).
- Puntuación ACL-RSI a los cinco años: 77,5 (55,8–92,5) en hombres frente a 69,2 (53,3–85,8) en mujeres (p = 0,02).
- Recuperación del nivel de actividad previo a la lesión: 45,1 % de los hombres (137 de 306) frente a 28,1 % de las mujeres (48 de 173) (p < 0,001).
En el modelo multivariable ajustado por variables basales, el sexo masculino se asoció de forma independiente con la recuperación del nivel de actividad prelesional (OR = 2,16; IC 95 %: 1,40–3,39; p < 0,001). Esta asociación se mantuvo tras incorporar las variables de recuperación a los seis meses (OR = 1,93; IC 95 %: 1,20–3,15; p = 0,007), mientras que un menor déficit en el salto monopodal también se asoció de forma independiente con dicho desenlace.
Qué significa para la práctica clínica en fisioterapia y rehabilitación
El retorno al deporte no equivale a recuperación de calidad igual en ambos sexos
El hallazgo más relevante para la práctica diaria es que las tasas de retorno al deporte similares entre hombres y mujeres enmascaran diferencias sustanciales en la calidad de esa recuperación. Utilizar el retorno al deporte como único criterio de alta o de éxito rehabilitador puede llevar a subestimar las dificultades reales que enfrentan las pacientes mujeres. Conviene incorporar de forma sistemática indicadores complementarios: nivel de actividad recuperado respecto al prelesional, función subjetiva de rodilla y disposición psicológica.
Evaluación diferenciada por sexo desde las fases tempranas
Las diferencias en fuerza del cuádriceps y en las pruebas de salto ya son evidentes a los seis meses en detrimento de las mujeres. Esto sugiere que las pacientes pueden requerir mayor atención y tiempo en las fases de fortalecimiento muscular y de entrenamiento neuromuscular antes de progresar a etapas más exigentes. Una evaluación de la simetría de fuerza (índice de simetría de miembros) y de los déficits en pruebas de salto debería realizarse de forma rutinaria en este período, y los criterios de progresión no deberían aplicarse de manera uniforme sin considerar el sexo.
La readiness psicológica merece seguimiento prolongado en mujeres
Aunque las puntuaciones en el ACL-RSI no difirieron significativamente a los seis meses, sí lo hicieron a los cinco años, con menores valores en mujeres. Esto indica que la brecha en la disposición psicológica puede no ser evidente en las evaluaciones tempranas, pero sí consolidarse con el tiempo. Integrar herramientas de evaluación psicológica como el ACL-RSI de forma periódica —no solo en el momento del alta— permite detectar de manera oportuna a las pacientes que podrían beneficiarse de intervención psicológica o de estrategias específicas de reentrenamiento de la confianza deportiva.
El déficit en el salto monopodal como predictor independiente
El modelo multivariable identificó un menor déficit en la prueba de salto monopodal (single-hop test) como factor independientemente asociado con la recuperación del nivel de actividad prelesional. Esto refuerza el valor de incluir pruebas de salto en la batería de evaluación funcional, tanto para guiar la progresión del tratamiento como para identificar a pacientes con mayor riesgo de no recuperar su actividad previa. La corrección de este déficit debería ser un objetivo explícito del programa de rehabilitación, especialmente en mujeres.
Implicancias para el diseño de programas de rehabilitación
Los resultados de este estudio apuntan a la necesidad de revisar si los programas de rehabilitación actuales tras la reconstrucción del LCA responden de forma adecuada a las necesidades específicas de las pacientes mujeres. Aunque el diseño retrospectivo no permite establecer causalidad ni identificar qué componentes del programa rehabilitador explican las diferencias observadas, sí plantea una señal de alerta para los equipos clínicos: protocolos iguales para hombres y mujeres pueden no generar resultados equivalentes a largo plazo. Adaptar los objetivos, los criterios de progresión y la duración del seguimiento según el sexo parece una estrategia razonable.
Precauciones al aplicar estos resultados
Los autores no reportan el tipo de injerto utilizado, el nivel deportivo previo detallado ni otros factores que podrían modificar los resultados. Asimismo, al tratarse de un estudio observacional retrospectivo de nivel III de evidencia, las asociaciones encontradas no implican causalidad. Los resultados corresponden a pacientes operados en un contexto específico y con seguimiento a cinco años, por lo que su aplicabilidad directa a otras poblaciones o sistemas de salud debe evaluarse con cautela.
Conclusiones aplicables para la práctica clínica
- No usar el retorno al deporte como único indicador de éxito: hombres y mujeres pueden retornar al deporte a tasas similares pero con diferencias significativas en calidad de recuperación funcional, subjetiva y psicológica.
- Evaluar fuerza de cuádriceps y pruebas de salto de forma sistemática a los seis meses, con atención especial al déficit en el salto monopodal, que se asoció de forma independiente con la recuperación del nivel de actividad prelesional.
- Monitorear la readiness psicológica con el ACL-RSI más allá del alta funcional, dado que las diferencias entre sexos en este dominio pueden consolidarse a largo plazo y no ser evidentes en fases tempranas.
- Considerar criterios de progresión diferenciados según el sexo, especialmente en las fases de fortalecimiento y de retorno al deporte.
- Plantear seguimientos más prolongados para pacientes mujeres, ya que la brecha en los desenlaces se expresa principalmente a los cinco años y no solo en la fase aguda de rehabilitación.
- Interpretar los resultados con cautela: el nivel de evidencia es III (cohorte retrospectiva) y las asociaciones no establecen relaciones causales.

