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VigIA Dolor

Comparación de dos técnicas endoscópicas para la hernia discal foraminal L5-S1

Dos técnicas endoscópicas mínimamente invasivas —la endoscopia de un solo orificio dividido (OSE, del inglés one-hole split endoscopy) y la endoscopia biportal unilateral (UBE, del inglés unilateral biportal endoscopy)— logran resultados clínicos comparables en el tratamiento de la hernia discal lumbar far lateral en el nivel L5-S1, aunque la OSE muestra ventajas en tiempo quirúrgico, sangrado y tamaño de incisión. Este hallazgo es relevante para los profesionales de rehabilitación, porque define el punto de partida funcional del paciente y las expectativas de recuperación según la vía quirúrgica utilizada.

Qué se estudió: población, diseño e intervención quirúrgica

El estudio realizó un análisis retrospectivo de 98 pacientes con hernia discal lumbar far lateral (FLLDH, del inglés far lateral lumbar disc herniation) en el nivel L5-S1, atendidos entre enero de 2021 y diciembre de 2024. Los participantes fueron divididos en dos grupos según la técnica quirúrgica recibida: el grupo OSE (52 casos) y el grupo UBE (46 casos). Ambos grupos eran comparables en sus características basales —edad, sexo, lado afectado, índice de masa corporal, distancia de traslación anteroposterior (ATD), altura del disco (DH), ángulo de lordosis lumbar (LLA), escala visual analógica (EVA) para dolor lumbar y de pierna, e Índice de Discapacidad de Oswestry (ODI)— sin diferencias estadísticamente significativas entre ellos (p > 0,05).

Ambas técnicas se realizaron mediante el abordaje al proceso articular superior de S1. Se registraron variables intraoperatorias (tiempo quirúrgico, sangrado, frecuencia de fluoroscopia, longitud de incisión) y postoperatorias (días de hospitalización). Mediante reconstrucción de modelos lumbares tridimensionales se calculó la proporción del volumen óseo resecado del proceso articular superior de S1. El seguimiento tuvo una duración de 12 a 18 meses, con un promedio de 14,7 meses.

Resultados: eficacia clínica y estabilidad lumbar comparadas

Variables intraoperatorias y hospitalización

El grupo OSE mostró tiempos quirúrgicos significativamente menores, menor sangrado intraoperatorio y longitudes de incisión más pequeñas en comparación con el grupo UBE (p < 0,05). No se encontraron diferencias significativas entre ambos grupos en la frecuencia de fluoroscopia intraoperatoria ni en los días de hospitalización postoperatoria (p > 0,05). En ningún grupo ocurrieron lesiones neurológicas ni vasculares graves; se registraron desgarros durales leves en 2 pacientes del grupo UBE.

Evolución del dolor y la discapacidad funcional

En ambos grupos, los puntajes de EVA para dolor lumbar y de pierna, así como el ODI, disminuyeron de forma estadísticamente significativa en todos los puntos de seguimiento postoperatorio respecto a los valores preoperatorios (p < 0,05), con mejoría progresiva a lo largo del tiempo. La única diferencia intergrupal significativa se observó a los 3 días postoperatorios, cuando el grupo UBE presentó puntajes de EVA para dolor lumbar más elevados (p < 0,05). En los demás momentos de evaluación no hubo diferencias significativas entre los grupos (p > 0,05).

Estabilidad lumbar y preservación ósea

Al último seguimiento, no se registraron diferencias estadísticamente significativas en los valores de ATD, DH y LLA respecto a los valores preoperatorios en ninguno de los dos grupos (p > 0,05), ni tampoco diferencias entre grupos en los cambios de estas variables desde el preoperatorio al postoperatorio (p > 0,05). Esto sugiere que ninguna de las dos técnicas comprometió la estabilidad segmentaria. En cuanto a la resección ósea del proceso articular superior de S1, la proporción de volumen resecado fue significativamente diferente entre los grupos (p < 0,05), aunque en ambos casos se mantuvo por debajo del 35%. No se registraron recidivas durante el período de seguimiento.

Qué significa para la práctica clínica en fisioterapia y rehabilitación

Planificación de la rehabilitación según la técnica quirúrgica

El hecho de que ambas técnicas logren resultados clínicos equivalentes a mediano plazo —con mejoría del dolor y la funcionalidad— indica que el protocolo de rehabilitación puede estructurarse de manera similar para pacientes operados con OSE o UBE. Sin embargo, la diferencia en el dolor lumbar a los 3 días postoperatorios —mayor en el grupo UBE— tiene implicancias prácticas concretas: en las fases iniciales de la rehabilitación, los pacientes intervenidos con UBE pueden requerir un manejo más cuidadoso del dolor, ajuste de la carga en actividades tempranas y mayor atención a la tolerancia durante la movilización precoz.

Preservación de la estabilidad lumbar: implicancias para la evaluación

La ausencia de cambios significativos en ATD, DH y LLA en ambos grupos es una señal clínicamente relevante: ambas técnicas preservan la estabilidad segmentaria en el seguimiento a 12-18 meses. Para el fisioterapeuta o kinesiólogo, esto significa que el entrenamiento de estabilización lumbar no parte de un segmento estructuralmente comprometido, lo que favorece la progresión hacia ejercicios funcionales con mayor confianza. Aun así, conviene recordar que estos datos son de mediano plazo y no permiten hacer proyecciones sobre el comportamiento articular a largo plazo.

El hecho de que la resección del proceso articular superior de S1 haya sido inferior al 35% en ambos grupos refuerza la relevancia de incluir ejercicios de control motor y fortalecimiento de la musculatura paravertebral y del core desde las primeras etapas de la rehabilitación, dado que la estructura ósea de soporte se mantiene relativamente preservada. No obstante, la diferencia estadística entre grupos en la proporción de resección ósea —aunque ambos por debajo del 35%— invita a cierta precaución: se desconoce si esa diferencia tiene relevancia clínica a largo plazo sobre la estabilidad.

Progresión funcional y expectativas de recuperación

La mejora progresiva y sostenida en EVA y ODI durante el seguimiento en ambos grupos sugiere que la recuperación funcional es continua y no se estanca en las primeras semanas. Para la planificación de objetivos terapéuticos, esto implica que las metas de rehabilitación pueden ser escalonadas y que la progresión de carga e intensidad debe acompañar la evolución clínica del paciente, evitando tanto la infraestimulación como la sobrecarga prematura.

La ausencia de recidivas durante el seguimiento es un dato alentador, aunque la duración del mismo —promedio de 14,7 meses— no permite extraer conclusiones sobre recurrencia a largo plazo, un aspecto que debe seguir siendo monitorizado en la práctica.

Precauciones en la aplicación clínica

Es importante señalar que se trata de un estudio retrospectivo en un contexto quirúrgico específico (hernia far lateral L5-S1), por lo que sus conclusiones no son extrapolables a otros niveles ni tipos de hernia. Además, la comparación entre grupos no permite establecer causalidad entre la técnica quirúrgica y los resultados funcionales, dado que existen variables no controladas propias del diseño retrospectivo. Los profesionales de la rehabilitación deben interpretar estos datos como orientadores del contexto clínico posquirúrgico, no como guías de tratamiento individualizadas.

Limitaciones del estudio

El diseño retrospectivo representa la principal limitación metodológica, ya que no permite controlar todas las variables que podrían influir en los resultados. La muestra es moderada (98 pacientes en total) y el seguimiento, aunque consistente, alcanza un máximo de 18 meses, lo que impide conocer la evolución a largo plazo. El estudio proviene de un único centro, lo que puede limitar la generalización de los hallazgos. Por otro lado, no se describen en detalle los protocolos de rehabilitación postoperatoria utilizados, lo cual dificulta reproducir el contexto de recuperación en otros entornos clínicos.

Conclusiones aplicables para la práctica

  • Tanto la OSE como la UBE, realizadas por abordaje al proceso articular superior, logran resultados clínicos satisfactorios —mejora del dolor y la discapacidad funcional— en pacientes con FLLDH en L5-S1, según los autores del estudio.
  • En los primeros días postoperatorios, los pacientes operados con UBE pueden presentar mayor dolor lumbar que los intervenidos con OSE; conviene ajustar el manejo analgésico y la progresión de la movilización en esa etapa.
  • Ninguna de las dos técnicas comprometió la estabilidad lumbar —medida mediante ATD, DH y LLA— durante el seguimiento de hasta 18 meses, lo que permite plantear programas de estabilización activa desde fases tempranas.
  • La resección ósea del proceso articular superior de S1 se mantuvo por debajo del 35% en ambos grupos, un dato que respalda la incorporación progresiva de ejercicios de carga axial en la rehabilitación.
  • La mejoría funcional fue continua a lo largo del seguimiento en ambos grupos, lo que orienta a establecer objetivos de rehabilitación escalonados y progresivos.
  • Dado el diseño retrospectivo y la población específica estudiada, estos resultados deben interpretarse con cautela y no generalizarse a otros niveles discales ni a poblaciones con características diferentes.
Interpretación elaborada con inteligencia artificial (Claude, de Anthropic) a partir de la publicación original, y revisada por el Comité Académico de Fisio One.
Publicación Original