Tras una artroplastia unicompartimental de rodilla (AUR), solo un tercio de los pacientes retoma la práctica deportiva o la actividad física a largo plazo, y las limitaciones residuales son frecuentes incluso años después de la cirugía. Estos hallazgos, aunque provenientes de un estudio retrospectivo de nivel de evidencia IV, tienen implicancias directas para cómo los profesionales de la rehabilitación establecen expectativas, diseñan el seguimiento y orientan el retorno a la actividad en esta población.
Qué se estudió: diseño, población e intervención
Se trata de un estudio retrospectivo de centro único que incluyó a 150 pacientes que recibieron una AUR primaria entre 2014 y 2022 en la misma institución. De un total de 190 pacientes contactables, respondieron 150, lo que representa una tasa de respuesta del 78,9 %. La edad media fue de 65,1 ± 10,9 años.
En 2025, se administró un cuestionario electrónico de 11 ítems que evaluó la actividad física en cuatro momentos: 5 años antes de la AUR, 1 año antes de la AUR, 1 año después de la AUR y en el momento actual del seguimiento. El seguimiento medio fue de 6,8 ± 2,4 años. Las respuestas históricas se trataron como estimaciones recordadas retrospectivamente, lo que es un aspecto metodológico relevante para interpretar los datos.
El desenlace principal fue la participación actual en deportes o actividad física. También se evaluaron el volumen semanal de actividad, el esfuerzo percibido, el tiempo hasta la reanudación, las limitaciones relacionadas con la actividad, la satisfacción y las diferencias según sexo.
Participación deportiva y volumen de actividad física tras la AUR
Los resultados muestran un patrón de participación que desciende progresivamente en el período previo a la cirugía y se recupera parcialmente después. El porcentaje de pacientes que recordaron participar en actividad deportiva o física fue del 33,3 % cinco años antes de la AUR, del 8,0 % un año antes de la AUR y del 25,3 % un año después. En el momento actual del seguimiento, el 33,3 % reportó participación activa.
Entre quienes participaban actualmente, el 74,0 % refirió realizar más de 3 horas semanales de actividad, y el 48,0 % indicó un nivel de esfuerzo moderado o superior. En cuanto al retorno, el 49,3 % retomó la actividad dentro de los 12 meses posteriores a la cirugía, y el 42,0 % percibió una mejoría en su nivel de actividad. La satisfacción media con la actividad fue de 3,84 ± 1,30 sobre una escala no especificada en el resumen.
A pesar de estos datos positivos en los participantes activos, las limitaciones vinculadas a la actividad fueron muy frecuentes: el 75,3 % de los pacientes reportó limitaciones relacionadas con la actividad, y el 30,0 % informó restricciones a largo plazo. En cuanto a las diferencias por sexo, la mayoría de los desenlaces fueron similares entre mujeres y hombres. La asociación ajustada entre el sexo masculino y una mayor intensidad de actividad no fue estadísticamente significativa (odds ratio ajustado: 2,08; intervalo de confianza del 95 %: 0,90–4,80).
Qué significa para la práctica clínica en fisioterapia y rehabilitación
Establecer expectativas realistas desde el inicio del proceso rehabilitador
Uno de los aportes más relevantes de este estudio para la práctica clínica es el contraste entre las expectativas habituales de los pacientes y los resultados observados. Que solo un tercio de los pacientes retome la actividad física a largo plazo —y que la mitad no lo haga dentro del primer año— sugiere que conviene incorporar de forma sistemática la educación sobre el retorno a la actividad desde las etapas tempranas de la rehabilitación.
Esto no implica desincentivar al paciente, sino acompañarlo con información basada en evidencia. El fisioterapeuta o kinesiólogo tiene un rol clave en ayudar a cada persona a construir metas personales y funcionales acordes con su historial de actividad, su estado físico y sus preferencias, sin asumir que el retorno será automático por el solo hecho de haberse operado.
El período preoperatorio como punto de referencia clínico
El hecho de que solo el 8,0 % de los pacientes reportara actividad física un año antes de la cirugía —frente al 33,3 % cinco años antes— refleja el deterioro funcional progresivo que acompaña a la artrosis avanzada. Este dato es clínicamente útil porque indica que, para muchos pacientes, el nivel funcional preoperatorio inmediato puede ser un punto de partida muy bajo, y que recuperar la actividad requiere tiempo, esfuerzo sostenido y objetivos progresivos.
En la evaluación inicial, conviene preguntar no solo por el nivel funcional actual del paciente, sino también por su historial de actividad en los años previos al inicio del dolor severo. Esa referencia más lejana puede ser más representativa de su potencial funcional que el estado inmediatamente previo a la operación.
Las limitaciones residuales son la norma, no la excepción
Que el 75,3 % de los pacientes reportara limitaciones relacionadas con la actividad y que el 30,0 % describiera restricciones a largo plazo es un hallazgo que merece atención clínica específica. Esto sugiere que la rehabilitación no puede plantearse únicamente como un proceso de recuperación posquirúrgica temprana, sino que debe contemplar un seguimiento funcional más prolongado.
Para los profesionales de la rehabilitación, esto implica:
- Incorporar evaluaciones funcionales orientadas a la actividad física en controles a largo plazo, no solo en los primeros meses.
- Identificar qué tipo de limitaciones persisten (dolor, rango de movimiento, fuerza, miedo al movimiento, factores psicosociales) para orientar intervenciones específicas.
- Considerar que las estrategias de acondicionamiento físico progresivo pueden ser pertinentes incluso años después de la cirugía, especialmente en pacientes que no alcanzaron sus objetivos de actividad.
El retorno a la actividad dentro del primer año: un umbral orientativo
El dato de que el 49,3 % retomó la actividad dentro de los 12 meses es útil como referencia, pero los autores advierten explícitamente que las proporciones grupales no deben interpretarse como predicciones individuales de retorno a la actividad. Esto es especialmente importante en la comunicación con los pacientes: los porcentajes poblacionales no dicen nada sobre lo que ocurrirá con un paciente en particular.
Desde el punto de vista clínico, el primer año postoperatorio es una ventana relevante para reforzar la adherencia a la actividad física. Si un paciente no ha retomado ninguna forma de actividad estructurada en ese período, puede ser un indicador para revisar las barreras que lo impiden —ya sean físicas, psicológicas o relacionadas con el entorno— y ajustar el plan de rehabilitación en consecuencia.
Sin diferencias significativas por sexo: implicancias para el diseño de programas
La ausencia de diferencias estadísticamente significativas entre mujeres y hombres en la mayoría de los desenlaces, incluida la intensidad de la actividad, sugiere que no es necesario diseñar programas de rehabilitación diferenciados por sexo en esta población, al menos en función de los desenlaces evaluados en este estudio. Sin embargo, este hallazgo debe interpretarse con cautela dado el nivel de evidencia y el diseño retrospectivo.
Limitaciones del estudio que conviene tener presentes
Este estudio presenta varias limitaciones que el profesional debe considerar al trasladar sus conclusiones a la práctica:
- Diseño retrospectivo y de centro único: los resultados no son generalizables a otros contextos clínicos ni a poblaciones con características diferentes.
- Sesgo de memoria: las respuestas históricas (5 años antes, 1 año antes, 1 año después de la AUR) se basan en recuerdos de los pacientes, lo que introduce un sesgo de recuerdo no cuantificable.
- Nivel de evidencia IV: el propio artículo lo clasifica así, lo que implica que sus conclusiones tienen un peso probatorio limitado y no permiten establecer relaciones de causalidad.
- Sesgo de selección: quienes respondieron el cuestionario pueden diferir de quienes no lo hicieron en variables relevantes, como el nivel de actividad o la satisfacción con la cirugía.
- Ausencia de datos objetivos de actividad: todos los desenlaces se basan en autorreporte, sin mediciones objetivas como acelerometría.
Conclusiones aplicables para la práctica clínica
- Solo un tercio de los pacientes con AUR retoma la actividad física o deportiva a largo plazo; conviene que el equipo de rehabilitación gestione esta expectativa de forma explícita con cada paciente.
- Las limitaciones residuales relacionadas con la actividad son muy frecuentes (75,3 %), lo que justifica un seguimiento funcional prolongado más allá de los primeros meses postoperatorios.
- Poco menos de la mitad de los pacientes retoma la actividad dentro del primer año; este período es una ventana clave para identificar y abordar barreras al retorno.
- El historial de actividad de años antes de la cirugía puede ser un referente más útil que el estado funcional preoperatorio inmediato para definir objetivos rehabilitadores.
- No se observaron diferencias significativas entre mujeres y hombres en los principales desenlaces, por lo que no se requieren programas diferenciados por sexo según este estudio.
- Los datos grupales no deben usarse para predecir el retorno a la actividad en pacientes individuales, tal como advierten los propios autores.


